Luis A. Santaló (1911 - 2001)
El impulso extraordinario que imprimió Rey Pastor a
la matemática argentina en las primeras décadas del siglo pasado
fue continuado por otros matemáticos que haciéndose cargo de su
legado acrecentaron la contribución pionera de Rey y mantuvieron el
rumbo del desarrollo científico en la dirección que él
mismo había marcado.
Un lugar prominente entre esos insignes continuadores ocupa
la figura de Luis Antonio Santaló, nacido en España en 1911,
quien llegó a la Argentina en 1939, obligado a emigrar de su país
de origen como consecuencia de la guerra civil española.
La importancia de la obra de Santaló se manifiesta
por la transcendencia y el número de sus trabajos originales; sus libros
traducidos a varios idiomas -incluidos el ruso y el chino-; sus trabajos
científicos y artículos de divulgación; sus conferencias
sobre los temas más variados de la Ciencia; su actuación en las
instituciones científicas de nuestro país; por los honores
recibidos: doctor honoris causa de la Universidad Autónoma de
Barcelona, de la Universidad de Sevilla, de la Universidad Nacional de San
Juan, de la Universidad CAECE y de la Universidad de Buenos Aires. Pero
también y especialmente por los premios que le fueron concedidos: Premio
Nacional de Cultura (1954), Premio Mibashan (1968) y Premio
"Príncipe de Asturias" (1983).
A diferencia de las creaciones que sólo valen por su
novedad, la obra de Santaló ha ido creciendo en importancia con el paso
del tiempo. Libros, artículos y enciclopedias del conocimiento
matemático registran su nombre y sus resultados. Por otro lado, sus
numerosos trabajos relacionados con la educación matemática son
muestras de su interés por el desarrollo científico de su patria
adoptiva y su vocación de servicio.
Para presentar algunos datos de la infancia y la juventud
de Santaló nos serviremos de la biografía escrita por Xavier
Durán en base a los recuerdos del mismo Santaló.
Su padre Silvestre Santaló y Pavorell era maestro, en
tanto que su madre Consuelo Sors y Llach se ocupaba de las tareas de la casa y
la crianza de sus siete hijos entre los que, por edad, Don Luis se ubicaba
justamente en el medio.
Luis Santaló hace la escuela primaria en el mismo
establecimento donde su padre era maestro. Los estudios secundarios, que
comenzaban a los diez años, los realiza en el Instituto de Bachillerato
de Gerona, completando ese ciclo en 1927 cuando contaba con 16 años.
Al concluir la escuela secundaria Santaló se marcha a
Madrid para realizar estudios universitarios, instalándose en la
célebre Residencia de Estudiantes de la Universidad.
Por ese tiempo comienza a debilitarse la dictadura de Primo
de Rivera y se inicia la fase de contracción económica mundial
que provocaría a corto plazo el gran crack de 1929 que se
extendió rápidamente por Europa, lo que fomentaba el clima de
efervescencia intelectual y política que se vivía en la
Universidad. Faltaba poco para que se proclamara la Segunda República,
obligando a exiliarse al Rey Alfonso XIII.
Los estudiantes de la Residencia tuvieron oportunidad de
asistir a conferencias ofrecidas por grandes personalidades de la época.
Para darnos una idea mencionaremos algunos nombres: Albert Einstein, Howard
Carter (descubridor de la tumba de Tutankamon), el historiador Herbert George
Wells, Jean Girodoux, Henri Bergson, Paul Claudel, Marie Curie, Arthur
Eddington y Robert Millikan. Entre los españoles, José Ortega y
Gasset, Federico García Lorca, Blas Cabrera y Gregorio de
Marañón. Por la misma época la Residencia alojó a
Salvador Dalí y Luis Buñuel y era frecuentada por los escritores
Ramón Gómez de La Serna y el ya mencionado García Lorca.
Santaló llega a Madrid pensando en estudiar
Ingeniería de Caminos, lo que puede sonar un tanto extraño a
quien no haya oído hablar de las posibilidades de un joven
español de aquella época. ¿No era acaso Ingeniero de Caminos
el ya por entonces famoso matemático y físico barcelonés
Esteban Terradas? Tan grande era el prestigio de la carrera y la fama de
Terradas que entre los estudiantes españoles circulaba el dicho:
Dios es todopoderoso, omnisciente e Ingeniero de Caminos.
De tendencia política conservadora, Esteban Terradas,
quien fue profesor en nuestra Universidad Nacional de La Plata entre 1936 y
1941, era en realidad un hombre de vasta cultura y abierto al progreso, al
mismo tiempo que como ingeniero se le encargaban obras civiles de gran
envergadura.
Así fue como Santaló comenzó sus
estudios en la Universidad de Madrid, pensando en llegar a ser Ingeniero de
Caminos. Pero la ley exigía que antes de cursar las asignaturas de
Ingeniería, los estudiantes debían seguir un curso introductorio
de Matemática en la Facultad de Ciencias.
Borges ha escrito que entre los días que componen la
vida de un hombre hay uno fundamental: aquel en que por fin sabe quién
es. En alguno de esos días del curso de Matemática Santaló
va a encontrarse con su vocación y sabrá quién quiere ser.
Es muy probable que en esta decisión haya pesado la
elección de su hermano Marcel, cinco años mayor que Luis, que
había seguido los estudios de matemático y más adelante
continuaría su carrera en Méjico, también como exiliado.
El nivel académico medio en la Facultad de Madrid no
era lo que en nuestro hiperbólico lenguaje nos gusta llamar de
excelencia. La relación entre alumnos y profesores en el sistema
universitario de aquellos tiempos -ha recordado el mismo Santaló- era
más bien distante. Otra característica era que casi no
había profesores dedicados exclusivamente a la enseñanza
universitaria; solían retirarse inmediatamente después de la
clase, lo que hacía difícil cualquier consulta.
Aun consultar libros no era fácil, pues se
imponía el temor de que por el descuido natural de los jóvenes
los libros no volvieran a la Biblioteca; las revistas que contenían los
trabajos más actuales estaban reservadas a los profesores.
En resumen, el clima reinante no era el más fecundo
que pueda imaginarse para la investigación científica, ni
siquiera para el estudio serio. Todo lo cual da mayor relieve al mérito
de los buenos profesores. Entre éstos Santaló recuerda a Blas
Cabrera, d'Odón de Buen y Julio Palacios.
Sin embargo, en 1931 habría de incorporarse al cuerpo
de profesores de Madrid un matemático todavía joven -contaba 43
años- que a pesar de su juventud gozaba ya de considerable prestigio, y
con el apoyo de la Junta para la Ampliación de Estudios (una
institución similar a nuestro CONICET) había realizado viajes de
formación a Alemania, alcanzando un éxito notable durante sus
visitas a la Argentina en 1917 y 1918: nos referimos a Julio Rey Pastor.
Alentados por los aires de reforma, un grupo de estudiantes
del curso de Rey Pastor en Buenos Aires había solicitado su
contratación al Decano de la Facultad de Ciencias Exactas, donde se
cursaba la carrera de Ingeniería, que se concretaría
recién en 1921 por un período de seis años, después
de allanar una larga serie de obstáculos, como es usual.
A partir de 1928 el contrato de Rey con la Universidad de
Buenos Aires se cambia por una designación como profesor titular
ordinario, alternando sus tareas académicas entre las Universidad de
Madrid y Buenos Aires, según la época del año.
Los lazos que unían a Rey Pastor con la Argentina
van a ejercer una influencia decisiva cuando al finalizar la guerra civil con
la derrota del bando republicano, Santaló comprenda que para evitar
males mayores le conviene alejarse de Europa.
Pero antes de que eso ocurra, Rey Pastor tendrá una
primera oportunidad de ejercer su influencia sobre Santaló. Éste
termina sus estudios de licenciatura en 1934. Contaba 21 años y comienza
a trabajar como profesor interino en un instituto y como profesor auxiliar en
la Universidad.
Como era habitual en esa circunstancia, se prepara para las
célebres oposiciones que le asegurarían una posición
estable como catedrático, con un sueldo razonable. El director del
Instituto y algunos profesores lo alentaban en tal sentido, destacando las
ventajas de dicha posición, pero Rey Pastor y Terradas le hacían
notar al joven Santaló la alarmante mediocridad de ese destino.
Advertidos de su talento matemático le sugirieron que se marchara a
Hamburgo que poseía una buena Universidad y por su tamaño
moderado la ciudad no le intimidaría tanto como París o
Berlín, las otras posibilidades razonables en aquel tiempo.
Guiado por estos consejos y apoyado por una beca de la Junta
para la Ampliación de Estudios, Santaló decidió continuar
sus estudios en la Universidad de Hamburgo, donde va a permanecer por espacio
de casi dos años.
Por aquel tiempo -1934- el partido nazi en el poder daba
muestras de su temible virulencia: los cuerpos docentes de las universidades
alemanas comienzan a diezmarse por efecto de las depuraciones raciales o
políticas y se inicia el proceso de retraso cultural y científico
de un país que hasta ese momento figuraba a la vanguardia de la ciencia
en el mundo entero.
Sin embargo, en la Universidad de Hamburgo se ingeniaban
para mantener una relativa normalidad de trabajo, simulando acatar las
orientaciones del régimen en materia de trabajo científico.
Tendrán éxito por poco tiempo: el suficiente para que alcancen a
formarse algunos discípulos alemanes y extranjeros, entre ellos Luis
Santaló y Shiing Shen Chern.
Debemos recordar que por desgracia había
también excelentes científicos partidarios fervorosos del
nacionalsocialismo: entre ellos el físico Philipp Lenard -premio Nobel
en 1905- y los matemáticos Ludwig Bieberbach y Oswald Teichmüller,
quien llegó al extremo de hostilizar a algunos de sus propios colegas.
En notorio contraste con la situación
política, la ocasión científica que se presentaba en
Hamburgo no podía ser más favorable para un estudiante de
doctorado, pues en ese preciso momento el geómetra Wilhelm Blaschke
estaba desarrollando una nueva rama de la Geometría que él
denominaba Geometría Integral. Conociendo la preferencia de
Santaló por la Geometría, Rey Pastor le había aconsejado
ponerse en contacto con Blaschke, cosa que hizo tan pronto como llegó a
Hamburgo.
Al seminario de Blaschke asistía regularmente un
grupo de estudiantes cuyo número no pasaba de diez pero que
compartían con el maestro su entusiasmo por la nueva disciplina.
Santaló supo aprovechar muy bien la oportunidad que se le presentaba,
convirtiéndose en poco tiempo en un participante activo del seminario.
Las circunstancias del lugar favorecían el contacto con los profesores;
por otro lado las dificultades del idioma -recuerda Santaló- facilitaban
a los estudiantes extranjeros el aislamiento de la realidad ominosa que
envolvía a Europa, pero que no resultaba tan visible en Hamburgo como en
las grandes ciudades del continente.
Santaló vuelve a Madrid en 1935 con el trabajo que
conformaría su tesis ya publicado en revistas matemáticas de
España, Francia y Alemania y con el bagaje de un tema completamente
nuevo. Tanto, que va a resultar difícil encontrarle un padrino y reunir
un jurado de tesis en España.
En 1936 Santaló alcanza el grado de doctor con
calificación Excelente. La tesis se titulaba Nuevas aplicaciones del
concepto de medida cinética en el plano y en el espacio, y se va a
publicar en 1936 en el volumen 33 de la revista de la Academia de Ciencias de
Madrid.
Pero los acontecimientos académicos no detienen las
crisis políticas: el 18 de julio una importante facción del
ejército se subleva contra el Gobierno de la República iniciando
la Guerra Civil que duraría casi tres años y marcaría los
destinos de muchos españoles de la que algunos llamaron
generación histórica. Santaló se encontraba en
Madrid y decide regresar a casa de su familia en Gerona. Lo logrará,
pero esta vez el viaje no resultará tan sencillo:
Los primeros momentos -recuerda- son de gran
confusión. Se oyen disparos y se producen detenciones en la calle. Hay
que desconfiar de cualquier persona, porque no se sabe con quién se
está hablando. En todo el territorio comienzan a delimitarse los frentes
y se mobiliza la gente, lo que produce grandes dificultades para el traslado de
personas e incluso para enviar mensajes... Hay movimientos de soldados, zonas
que están en poder de uno o del otro bando. Y cualquier lugar puede
cambiar de manos súbitamente...
La familia de Santaló era de ideas liberales y
federalistas. Tanto por tradición familiar como por convicción
Santaló estaba comprometido con la República. Sin embargo, para
la mayoría de los ciudadanos la idea de marchar al frente no resultaba
para nada atractiva.
Un funcionario del Ministerio de Educación consigue
que un grupo de universitarios sean asignados a tareas técnicas menos
peligrosas. Santaló es asignado a la aviación, y con destino en
la base aeronaval de Los Alcázares, próxima a Cartagena, queda a
las órdenes de un militar científico, Emilio Herrera, considerado
un renovador de la aeronáutica.
No era un destino peligroso, ni siquiera desagradable,
recuerda. La misión de la base eran los vuelos de
observación y estaba dotada de una buena biblioteca sobre temas de
aeronáutica, de la que Santaló supo sacar provecho reuniendo el
material para dos libros que andando el tiempo habrían de publicarse en
la Argentina: Elementos de Aviación e Historia de la
Aeronáutica.
Pero a medida que se desarrollaba la contienda las fuerzas
de los sublevados se acercaban y el grupo de aviadores y técnicos que
integraba Santaló debe evitar el riesgo de caer prisionero. Cuando la
actividad de la base se hace insostenible, los comandantes deciden trasladarla
a la Escuela de Aviación Militar de Barcelona. Santaló
tenía en ese momento el grado de Capitán.
Finalmente se decide un nuevo traslado: esta vez a una aldea
-Navata- a 37 kilómetros al norte de Gerona. El grupo debía pasar
por la ciudad, lo que le dió la oportunidad de un breve encuentro con su
familia a la que no volvería a ver por espacio de veinte años.
Nunca volvería a ver a su madre.
El fin de la Guerra no significó la paz, sino la
victoria del bando nacionalista: eran frecuentes las represalias, aun entre los
que no habían participado abiertamente de la lucha.
Tratando de huir de los temibles juzgamientos,
Santaló cruza la frontera hacia Francia por el camino que bordea la
costa, desde Portbou hacia Cerbere, como lo harían otras 350 mil
personas.
Para controlar a los refugiados las autoridades francesas
organizaron con diligencia varios campos de concentración. El campo de
Argeles sur Mer, donde fue conducido Santaló, montado sobre la playa y
acotado por alambradas, era custodiado por tropas senegalesas y llegó a
albergar a más de 70 mil soldados republicanos que recibían el
trato de prisioneros de guerra.
En un descuido de los guardias consigue escapar, recorriendo
poco más de una decena de kilómetros hasta llegar a una
población marítima, Collioure, donde vivía un primo suyo
reconocido como cónsul por el gobierno francés. Desde la casa del
primo escribe a Rey Pastor en la Argentina y a Blaschke en Alemania, explicando
su situación.
Blaschke le responde prontamente sugiriéndole que
viaje a Hamburgo, donde hallarían alguna solución, pero la
realidad era que la Alemania de 1939 había dejado de ser un lugar
recomendable; menos aún para un ex combatiente republicano. Por su lado,
Rey Pastor le envía dinero para pagar el pasaje hacia la Argentina, pero
le explica que obtener la visa no sería fácil, porque el gobierno
argentino de aquel tiempo, dominado por una facción conservadora, se
inclinaba subrepticiamente en favor del Eje y del bando nacionalista en
España. Blaschke también le escribe a Elie Cartan
explicándole la crítica situación de Santaló. En
respuesta, Cartan le hace llegar una invitación para dar unas
conferencias en el Instituto Henri Poincaré, en Paris.
Pero tampoco ese viaje se hará sin sobresaltos:
detenido por carecer de documentación en regla es alojado en una
comisaría de París. Poco más tarde, detrás de las
rejas presencia la discusión airada de un caballero de aspecto
distinguido con los policías: era el mismo Cartan que había
acudido a rescatarlo de tan triste situación. Pero su situación
sigue siendo precaria: le ayudan a encontrar alojamiento, pero le notifican que
no puede establecerse en la ciudad en forma permanente. Sin embargo, presentado
como profesor de la Universidad de Madrid, Santaló da sus conferencias
en el Anfiteatro Darboux del Instituto Poincaré los días 25, 28 y
30 de marzo de 1939.
Volviendo a la realidad de su situación, queda por
jugar la carta argentina, aunque no se sabe cuánto puede demorar.
En este punto debemos destacar la actitud solidaria de
Chile y Méjico, únicos países latinoamericanos que no
pusieron ningún obstáculo al ingreso de los exiliados
españoles.
Pero lo bueno de nuestro país es que casi siempre hay
alguien que conoce algún influyente al que pedirle una
gauchada. En este caso dan resultado las gestiones realizadas por
Esteban Terradas ante un obispo. Así Santaló consigue, por fin,
la ansiada visa, y sin perder tiempo se dirige al puerto de Burdeos para
embarcar rumbo a la Argentina. Justo a tiempo: el 1 de septiembre Hitler invade
Polonia y dos días después Francia y Gran Bretaña declaran
la guerra al Eje.
Después de una escala no prevista en Dakar, el barco
que lo conduce desde Burdeos llega al puerto de Buenos Aires el 12 de octubre
de 1939. En el muelle, estaba esperándolo su compañero de
estudios y amigo de siempre, Manuel Balanzat, que había salido de
España por las mismas razones.
Rey Pastor les había explicado que sería
más sencillo establecerse en el interior del país que hacerlo en
Buenos Aires; y en efecto, Santaló recibe una oferta del ingeniero
Cortés Pla, decano de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la
Universidad Nacional del Litoral, con sede en Rosario, en cuyo Instituto de
Matemática va a trabajar por espacio de diez años como
Investigador Principal y Vicedirector del mismo.
El Instituto había sido creado en diciembre de 1938
por iniciativa del mismo Cortés Pla. Para dirigirlo se eligió al
célebre matemático italiano Beppo Levi, quien huyendo del
fascismo en Italia debió ingresar a nuestro país con visa de
turista. Veamos cómo lo relata el ingeniero Pla:
Una imprevisible actitud gubernamental cuyos fundamentos
se desconocen, obstaculizó el ingreso al país del profesor Levi y
su familia. Decidida la Facultad a llevar adelante el funcionamiento del
Instituto, encomienda el 22 de agosto su dirección temporaria al decano
...
A la luz de lo que sabemos podemos precisar un poco el
relato del ingeniero Pla: Los "fundamentos" de la actitud
gubernamental que impedía el ingreso del profesor Beppo Levi y su
familia, no eran tan desconocidos como inconfesables. La misma causa que
había dificultado el ingreso de los exiliados españoles, a saber:
la creciente influencia en el gobierno argentino de una facción
conservadora que simpatizaba con el fascismo. Continúa diciendo el
ingeniero Pla:
Otra resolución adoptada entonces fue la de poner
al lado de un analista de la jerarquía de Beppo Levi al joven
geómetra español Luis A. Santaló, doctor en Ciencias
Exactas egresado de la Universidad de Madrid donde fue luego profesor de
Análisis Infinitesimal.
El doctor Santaló, cuya retribución se
fijó en 300 pesos mensuales (retribución inferior que la
correspondiente a una cátedra), era ya uno de los especialistas
más destacados en Geometría Diferencial.
......................................................................................
Superadas las dificultades mencionadas -el profesor
Beppo Levi ingresó al país como turista-, el 8 de noviembre de
1939 asumía la Dirección del Instituto, firmando contrato por
tres años con una remuneración mensual de 800 pesos y con
dedicación exclusiva al cargo.
La inauguración oficial del Instituto se
realizó el 18 de mayo de 1940 ante numeroso público, hablando en
el acto el ingeniero Pla y Julio Rey Pastor, quien se refirió a la
matemática italiana en el último medio siglo y la posición
del doctor Beppo Levi en ella.
La labor de Santaló, quien contaba entonces 29
años, fue extraordinariamente provechosa, tanto para el Instituto como
para su propio desarrollo científico, ayudando a sostener con sus
trabajos la revista oficial del Instituto: Mathematicae Notae, creada en
diciembre de 1940.
En Rosario, Santaló encontró la estabilidad
que le permitió aplicar toda su energía a recuperar el tiempo
perdido a causa de la guerra y las vicisitudes del exilio. Es también en
Rosario donde conoce a Hilda Rossi, con quien se va casar en 1945. Hilda, hija
de padre italiano y madre alemana, es la gran compañera de su vida que
supo apoyarlo siempre en su trabajo y le daría, con el correr del
tiempo, sus tres hijas.
El 9 de junio de 1943, por invitación del Centro de
Estudiantes Santaló pronuncia en Rosario una conferencia con el
llamativo título Breve Historia y Estado Actual de Algunas Quimeras
y Fantasías del Hombre. Reproducimos sus conclusiones sobre la
Astrología, porque nos parece que reflejan un aspecto
característico de su personalidad:
Por métodos estadísticos se ha llegado,
afirman algunos astrólogos, a confirmar relaciones y enunciar leyes. Se
habla, por ejemplo, de una "ley de la herencia astral"...
Por este camino, recopilando horóscopos y hechos
y sometiéndolos al cálculo de probabilidades, es posible que se
llegue algún día a resolver con base científica si la
astrología tiene o no algún fundamento. Sin embargo, aun
suponiendo que este análisis condujera a resultados negativos, cosa la
más probable, no por ello desaparecerían los astrólogos:
siempre habría medio de atribuir el desacuerdo a nuevos datos o
elementos no tenidos en cuenta. Y no creemos que ello sea un mal. Quitando
quienes hacen de la astrología un engaño lucrativo, siempre
quedarán soñadores de buena fe, que estudiando los astros y
buscando quimeras imposibles, tal vez lleguen a descubrir relaciones ciertas o,
lo que ya es mucho, a abrir con su imaginación y fantasía nuevas
vías a la poesía y a la esperanza.
La prudencia con que Santaló expresa sus opiniones,
sin ocultarlas, es una característica de su personalidad que Balanzat
supo expresar con su propio y personal estilo: Santaló es
apasionadamente moderado.
En el ambiente fecundo que supo crear el visionario decano
Cortés Pla, Santaló recuperó su ritmo de trabajo como
docente universitario e investigador extraordinario. El prestigio de Beppo Levi
y la fama creciente de Santaló atrajeron hacia el Instituto de Rosario y
su revista oficial Mathematicae Notae la atención y el
interés de los mejores investigadores de aquella época.
Pero el pasado argentino abunda en ejemplos de que las cosas
bien hechas no suelen ser duraderas; particularmente en el ámbito
científico. Leamos la narración de Cortés Pla sobre los
acontecimientos de Rosario: primero fue el movimiento militar que el 4 de
junio de 1943 derrocó al gobierno constitucional reemplazándolo
por un gobierno "de facto", que dos meses después
intervenía la Universidad Nacional del Litoral. El segundo gran
sacudón de ese período ocurre con el triunfo peronista de 1946.
Sigue diciendo el ingeniero Pla:
La deseada continuidad, necesaria a la docencia, se vio
interrumpida como resultado del alejamiento, a fines de ese año, de
centenares de profesores universitarios. Entre ellos -añadimos
nosotros- el mismo ingeniero Pla. Santaló recuerda: ...un día
se aparece un profesor que les dice "vengo a hacer la
revolución"; y la revolución consistía en expulsar a
todos los que no fuesen peronistas.
Al igual que Beppo Levi, Santaló no se mezcló
nunca en disputas políticas locales, por lo que su permanencia en el
Instituto no estaba directamente amenazada; pero la atmósfera creada por
los interventores se había tornado irrespirable. Continúa Pla:
El Instituto se vio privado de su subdirector el profesor Santaló,
que ingresó luego en la Universidad de La Plata para radicarse
definitivamente, con posterioridad, en Buenos Aires, donde prosigue su labor
docente y de investigación.
Las universidades argentinas han sufrido diversos episodios
de intolerancia junto con cada cambio de régimen político: 1930,
43, 46, 55, 66, 73, 74, 76 y 83.
Retomamos la biografía de Santaló: en 1947,
mientras trabaja como Jefe Instructor del Seminario Matemático en la
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires,
obtiene una Beca de la Fundación Guggenheim para estudiar en Chicago y
en Princeton temas de Geometría Integral y Diferencial. Al mismo tiempo
acepta una invitación de Marshall Stone para dictar un curso sobre
Geometría Integral en la Universidad de Chicago, de la que Stone era
profesor. Hacia 1948 se marcha a Princeton con su mujer y su hija Tessi, que
contaba sólo un año.
El Instituto de Estudios Avanzados de Princeton reúne
a lo más granado del ambiente científico mundial. Sus miembros
pueden dedicarse por completo a la investigación sin la
obligación de dictar cursos o de tomar exámenes. Sin embargo, la
atmósfera del Instituto y la tranquilidad del lugar favorecen la
relación social y el intercambio de ideas entre los investigadores.
El científico estrella de Princeton al arribo de
Santaló era sin duda Albert Einstein. Entre los matemáticos,
Oswald Veblen, James Alexander, Marston Morse, Kurt Gödel, Deane
Montgomery, André Weil, Hermann Weil y John Von Neumann.
Santaló, ya lo hemos visto, no es un hombre que
desaproveche oportunidades: durante su permanencia en Princeton elabora diez
trabajos que aparecen entre 1947 y 1949; y con el material del curso dictado en
la Universidad de Chicago reúne el material para su libro
Introduction to Integral Geometry que se editaría en
París en 1953 y sería traducido al ruso en 1956.
Santaló vuelve a nuestro país en 1949, pero no
a Rosario: acepta un ofrecimiento para desempeñarse como Profesor de
Matemáticas Superiores en la Facultad de Ciencias
Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata, cargo
en el que va a continuar trabajando hasta 1956.
Por no existir en aquel tiempo la dedicación
exclusiva los profesores universitarios, a fin de sustentar a sus familias,
debían desarrollar varias tareas. Santaló traduce libros,
experiencia que no le resulta plenamente satisfactoria. Entre 1952 y 1957 es
miembro de la recientemente creada Comisión de Energía
Atómica, y entre 1955 y 1959 se desempeña como profesor de
geometría en la Escuela Superior Técnica del Ejército.
Una misión técnica encomendada por la
Comisión de Energía Atómica le da la oportunidad de
visitar antiguos amigos en Madrid y a su familia en Gerona, a la que no
había vuelto a ver desde el fin de la Guerra Civil. Aún
después de veinte años hubiese sido arriesgado volver a
España sin la inmunidad del pasaporte diplomático otorgado por el
gobierno argentino.
Al promediar la década del 50 el régimen del
General Franco comenzaba a mitigar su rigor, debido en parte al auge del
turismo que permitía obtener unos ingresos con los que aliviar la
difícil situación económica. Sin embargo, Santaló
no se sentía completamente seguro a su paso por España. Pero su
visita habría de transcurrir sin incidentes, permitiéndole viajar
a París como tenía previsto y posteriormente emprender el regreso
a Buenos Aires.
Santaló aprovechó su estancia en París
no sólo para cumplir con la misión encomendada sino
también para continuar investigando en su propia especialidad.
La historia más reciente es mejor conocida por
quienes ingresaron a la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de
Buenos Aires después de 1955, como es el caso de los que escriben esta
reseña.
A partir de 1957 Santaló se incorporó al
Departamento de Matemática de la Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales en Buenos Airtes del que eran miembros, entre otros, los profesores
Alberto González Domínguez, José Babini, Mischa Cotlar,
Roque Scarfiello, Manuel Sadosky, Cora Ratto de Sadosky, Emilio Roxin, Mario
Gutiérrez Burzaco, Gregorio Klimovsky, Oscar Varsavsky y Roque Carranza;
a los que, con el correr del tiempo, se agregaron Pedro Zadunaisky, Orlando
Villamayor, Rafael Panzone, Agnes Benedeck, Enzo Gentile, Evelio Oklander, Juan
Carlos Merlo y Eduardo Ortiz.
En palabras del mismo Santaló: Con el equipo de
profesores anteriores, su entusiasmo para hacer obra positiva y con la
protección de las autoridades para conseguir los medios necesarios, el
Departamento de Matemática vivió uno de los períodos
más positivos de su historia.
Las clases se dictaban en el edificio de Perú 222,
ahora derruido. En la tercera planta de aquel edificio de galerías en
torno a un patio central, subiendo todos los tramos de la ancha escalera de
mármol, se encontraba la biblioteca de la Unión Matemática
ocupando el espacio de un aula pequeña con una mesa y unas sillas que
hacían de sala de lectura. Allí fue donde algunos conocimos a Don
Luis personalmente: sus movimientos inquietos y el brillo de su mirada amable
pero intensa transmitían claramente la sensación de un hombre que
no tenía mucho tiempo para perder.
Por aquella época Santaló dictaba regularmente
los cursos de geometría de la licenciatura en Matemática:
Geometría II (Proyectiva) y Geometría III (Diferencial). A sus
clases siempre amenas y con frecuencia deslumbrantes asistían no
sólo estudiantes de Matemática sino también estudiantes de
otras disciplinas, particularmente de Física. Las clases de
Santaló hacían más hincapié en las ideas
fundamentales y la intuición geométrica que en el formalismo, en
contraste con la tendencia dominante en aquel tiempo hacia las estructuras
abstractas, cuyo paradigma fue la escuela de Nicolás Bourbaki y su
célebre tratado. Tan fuerte era esta tendencia que hubieron de pasar
varios años antes de que los jóvenes de entonces pudieran
apreciar el trabajo de Santaló y la consideración que
merecía en los mejores centros del mundo. Pero confundir lo novedoso con
lo bueno es un error frecuente, acaso inevitable.
Entretanto, Don Luis, sin oponerse a las tendencias en boga,
estimulaba generosamente a los jóvenes para que completaran su
formación como investigadores en el lugar que mejor conviniera a sus
inclinaciones, esforzándose por ayudarles y aconsejarles en base a su
experiencia.
Con el paso del tiempo Don Luis fue ganando fama de
excelente consejero por su facilidad para analizar los datos de la realidad y
prever los acontecimientos. Por ese motivo muchas personas trataron de conocer
su opinión en momentos críticos: del mismo modo que los antiguos
griegos acudían al oráculo de Delfos, la oficina de
Santaló en la Facultad se convirtió en el oráculo local al
que acudieron muchas personas.
Santaló huyó siempre que pudo de los cargos
que le dieran poder sobre sus propios colegas, acaso por el temor de hacerse
enemigos sin ningún provecho. En cambio las personas con autoridad que
deseaban ejercer sus funciones con prudencia buscaban su parecer. De
aquí que Don Luis haya ejercido de manera natural el cargo de consejero
honorario permanente, no contemplado por los reglamentos y sin embargo
existente y reservado a las personas de reconocido criterio.
De la capacidad de Santaló de seleccionar los datos
significativos del presente para imaginar el futuro da muestra el siguiente
párrafo de su Historia de la Aeronáutica, escrito hace
60 años, cuando los motores a reacción, todavía en etapa
experimental, se conocían en nuestro país sólo por
referencias:
Por el momento los aviones "a chorro" no
desplazarán completamente a los aviones ordinarios movidos por
hélices, pues a velocidades no muy grandes (inferiores a unos 700 km/h),
el consumo de los primeros es muy superior al de los segundos. El verdadero
rendimiento de los aviones a chorro es para grandes velocidades y
también para grandes alturas, pues su "techo" o altura
máxima de vuelo es mucho más elevado que el de los aviones con
hélice. A no ser que se llegue a poner en práctica, como intentan
algunos ingenieros, un tipo de avión mixto de hélice y motor a
chorro al mismo tiempo, para aprovechar las ventajas de ambos métodos,
por el momento parece que continuarán usándose las hélices
para los aviones destinados a velocidades inferiores a los 600 o 700 km/h y
alturas por debajo de los 8000 o 9000 metros, y motores a chorro para
velocidades o alturas mayores.
Santaló colocó a la aviación entre los
inventos más notables del hombre. Veamos cómo lo refiere en un
párrafo memorable del libro citado:
Hay inventos, entre los muchos que la ciencia ha
brindado a los hombres a través de los tiempos, que aparecieron de
manera repentina e inesperada, como una casualidad o por accidente en medio de
las especulaciones o experiencias de ciertas teorías que se iban
desarrollando sin miras a un fin práctico concreto....
Tales inventos no fueron, antes de su descubrimiento, ni
deseados ni predichos, y el hombre se encontró en posesión de
ellos sin que nunca hubiera pensado en la posibilidad de los mismos. Como
ejemplo moderno de este tipo tenemos la radiotelefonía. Desde el
descubrimiento de las ondas hertzianas, en que empezó a vislumbrarse su
posible utilización para transmitir señales, hasta el completo
desarrollo de la radio, transcurrieron poquísimos años... La
radio es un invento de poquísima historia: desde su concepción a
su realización no hay más que un intervalo de tiempo
brevísimo.
Otros inventos, por el contrario, fueron la
obsesión de generaciones y más generaciones que, cada una con los
medios y los puntos de vista que le eran propios, intentaron llevarlos a cabo.
El ejemplo más típico de esta clase de inventos lo constituyen
las máquinas aéreas. El afán de poder volar, de disponer
de unas alas o de un aparato cualquiera que permitiera al hombre, al igual que
los pájaros, elevarse y evolucionar en el aire, fue sin duda sentido y
deseado por todos los hombres desde los tiempos más remotos. La
facilidad con que las aves voladoras vencen los obstáculos naturales o
artificiales, como ríos, precipicios, cadenas montañosas,
murallas, etc., fue necesariamente apreciada por nuestros antepasados
más primitivos en todo su valor...
Prueba evidente de estos deseos es que en todas las
mitologías y religiones antiguas aparecen dioses o seres superiores
poseedores de la facultad de volar, consecuencia natural de atribuir los
hombres a sus dioses las cualidades de perfección más deseadas
que no podían obtener para sí.
En este sentido puede considerarse a la aviación
como el invento más deseado, como el invento que más han anhelado
todas las generaciones pretéritas.
Santaló se empeñó en hacer comprender a
sus conciudadanos la importancia estratégica de la educación
científica, a la que dedicó muchos esfuerzos. De un
artículo que sintetiza algunas de sus ideas hemos extraído los
siguientes párrafos:
El mundo actual necesita hombres con mente creativa, que
sepan conservar los avances logrados por la ciencia y la tecnología y
sean capaces de utilizarlos con éxito en favor del bienestar general, al
mismo tiempo que los hagan progresar en posibilidades y eficacia. Hay que
educar también en el trabajo y en el esfuerzo. El placer del descanso se
disfruta plenamente tan sólo despues del esfuerzo, y una tendencia al
facilismo, sobre atrasar el rendimiento general, no contribuye en nada a una
vida más feliz del interesado. Los alumnos disponen de una gran cantidad
de energía, física e intelectual, que necesitan gastar
continuamente. La escuela debe canalizar esta energía hacia caminos
útiles y provechosos. Si la escuela es "fácil" el
alumno vertirá sus energías hacia ocupaciones extraescolares, no
siempre recomendables.
Con respecto a la formación de profesores para el
ciclo superior de la escuela media, agrega:
Hay que tener en cuenta la pedagogía, pero hay
que ir educando al alumno en el esfuerzo personal para aprender por su cuenta.
Lo importante es poner a su disposición buenos textos, buenas
guías y un buen conocimiento de la materia por parte del profesor.
Tal vez sea ésta la única empresa de
Santaló que no ha tenido el éxito esperado. Acaso por tratarse de
una empresa que requiere una medida de inteligencia social y el decidido apoyo
de las autoridades.
Resumiendo, el mérito de Santaló trasciende
considerablemente al de su extensa obra como matemático,
acercándolo a la más difícil condición de sabio
preocupado por el destino de la Ciencia y la misión de los
científicos en la Educación. Ahora que no podemos oír sus
recomendaciones o recibir su consejo, nos embarga un sentimiento de soledad que
no podemos disimular. Este sentimiento tan unánime y profundamente
sentido representa el mejor homenaje que puede rendirle la comunidad
científica de nuestro país.
Dr. Norberto A. Fava y Dr. Carlos Segovia Fernández
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