Eduardo L. Holmberg (1852 - 1937)
Eduardo L. Holmberg fue elegido Miembro Titular de la
Academia de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, el 12 de
julio de 1890.
Permaneció vinculado a la misma y a sus sucesoras, la
Academia de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la
Academia Nacional del mismo nombre, hasta su fallecimiento el 4 de noviembre de
1937.
Cuando Holmberg ingresó a la Academia, esta era el
Cuerpo Directivo de la Facultad, por lo tanto le tocó vivir la
transformación de la misma en cuerpo asesor, cuando en 1906 se
modificaron los estatutos de la Universidad. Fue elegido Presidente el 21 de
noviembre de 1922, sucediendo al Ing. Santiago Brian. Cuando ocupaba dicho
cargo se produjo la total desvinculación de las Academias y la
Universidad, al aprobarse el nuevo Estatuto de 1923. La existencia de la
Academia no tuvo desde ese momento ninguna base jurídica, hasta que el
decreto Alvear-Sagarna de 1925 le dio la autonomía y el derecho de
obtener su personería jurídica. En su única memoria como
Presidente de la Academia, Holmberg relata la obra que la misma realizó
durante todo el período en que actuara en el cargo, 1923-1926.
Holmberg señala que la Academia gestionó que
se extendieran a todas estas Instituciones, la autonomía que un proyecto
de Ley, presentado por el Senador Torino, acordaba a la Academia de Medicina.
Con el mismo objetivo se realizaron gestiones ante el Presidente de la
Nación, Dr. Marcelo T. de Alvear y el Ministro de Justicia e
Instrucción Pública, Dr. Antonio Sagarna. Además son de
mucho interés las iniciativas que tuvo la Academia para fomentar el
desarrollo de la Ciencia y la Tecnología en beneficio del país.
Se continuaron las sesiones científicas que realizaba
la Academia, y en una de ellas se lo recibió a Alberto Einstein, quien
efectúo su viaje a Buenos Aires en esa época. Se designaron e
incorporaron nuevos Académicos que presentaron sus correspondientes
trabajos al ingresar.
La sesión del 22 de junio de 1925, cuando se
incorporaron los Académicos Titulares, Enrique Herrero Ducloux, M.
Doello Jurado, C. C. Dassen y Ramón G. Loyarte, tuvo especial
significado por la presencia del Presidente de la República y de los
Ministros Antonio Sagarna y Angel Gallardo, este último Académico
de número. En esa oportunidad el Ministro Sagarna pronunció un
discurso donde analizó la obra y el desarrollo de la Academias, que fue
seguido de otro muy breve del Dr. Holmberg, donde destacó el trabajo que
realizaba la Institución.
Holmberg terminó su mandato el 11 de junio de 1927,
siendo sucedido en la presidencia por Angel Gallardo. En la misma sesión
se lo designó Presidente Honorario de la Academia, única persona
que ha ocupado hasta ahora ese cargo "en atención a sus
méritos científicos e intelectuales". El diploma le fue
entregado en el acto celebrando sus 75 años.
Eduardo Ladislao Holmberg nació en Buenos Aires el 27
de junio de 1852, hijo de Wenceslao Holmberg y de Laura Correa Morales y nieto
del primer Holmberg llegado a la Argentina en 1812, que había actuado en
la guerra de la Independencia. Después de una larga y austera vida,
durante la cual tuvo una influencia grande en muchos aspectos de la vida
cultural argentina, Eduardo Ladislao Holmberg falleció en su ciudad
natal el 4 de noviembre de 1937. Fue uno de los representantes más
característicos de un grupo de argentinos, a quienes la época en
que vivieron los condujo tal vez les exigió, si que lo notaran a poseer
conocimientos amplios, evitando la especialización.
Poseía una cultura general muy grande, con amplio
conocimiento de varios idiomas y actuaba en medios donde mantenía
relaciones con los hombres de ciencia y los hombres de letras. Tenía
capacidad de escribir sin esfuerzo en buen castellano y podía dedicar
muchas horas del día a un trabajo que le interesara, cualquiera que
fuera.
Se explica que haya dejado una obra científica y
literaria, esta última muchas veces publicada en revistas y diarios. A
veces unía los dos aspectos y describía, la naturaleza sin
esfuerzo, empleando el lenguaje de un literario.
Razón ha tenido su hijo Luis, dar como titulo al
libro que con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento, ha dedicado a
su padre "Holmberg. El último enciclopedista".
Cursó sus estudios primarios en escuelas privadas y
se inscribió luego en los cursos preparatorios de la Universidad,
terminados los cuales a la Facultad de Medicina. Presentó su tesis
doctoral en 1989 sobre "El Fosfeno". Tenía entonces 28
años, pero no había perdido su tiempo.
Actúo poco como médico y mucho como
naturalista y fue uno de los primeros ejemplos de egresados de esa casa de
estudios, que realizaron investigaciones importantes en el campo de las
ciencias biológicas básicas.
Holmberg fue profesor desde muy joven. Tenía 23
años cuando fue nombrado Profesor de Historia Natural de la Escuela
Normal de Profesores. Dos años después enseña
Física y Química y obtiene que se cree un Laboratorio al cual
lleva material para trabajar con sus alumnos. Como profesor y conferencista
tenía la capacidad de organizar sus clases y sus conferencias de tal
manera que la atención de sus oyentes no decayera. Perteneció al
grupo de profesores que enseñaron con su palabra y con ejemplos que
hacían vivir la realidad a sus alumnos. El mismo ha explicado
cómo procedía para interesar al auditorio, despertando su
imaginación, utilizando información útil y agradable,
haciendo algún comentario jocoso de vez en cuando y conectando lo que
decía a los alumnos con la realidad de la naturaleza que los mismos
podían palpar.
Cuando en 1890 Carlos Berg se ausentó por un tiempo
de la Facultad de Ciencias Físico- Matemáticas, Holmberg fue
invitado a ocupar la cátedra de botánica que no tenía
profesor. Era un curso de sistemática que se dictaba a
farmacéuticos y agrimensores. Cuando Berg fallece en 1902, Holmberg
ocupó definitivamente la misma que no dejó hasta su
jubilación en 1915.
En el nivel superior de la enseñanza aplicó
los mismos métodos que había experimentado en el nivel
secundario. Ponía en contacto a sus alumnos con la naturaleza argentina
que conocía muy bien. En 1872 antes de doctorarse de médico, su
interés por las ciencias naturales y el país, lo había
impulsado a recorrerlo. Sus viajes se inician con una excursión a la
Patagonia, a la cual se suceden otras que le permitieron tener un panorama muy
amplio no sólo de nuestra flora y fauna, sino también de sus
aspectos geológicos y del paisaje que su naturaleza presentaba.
Desde sus años de estudiante hasta las primeras
décadas de este siglo, Holmberg, que evidentemente tenía una gran
capacidad de trabajo, desarrolló una actividad extraordinaria y
notablemente variada.
Enseñó, publicó trabajos
científicos y de divulgación de la ciencia, creó revistas,
tomó partido en las discusiones filosóficas del momento, buscando
siempre con su acción favorecer lo que era importante para el progreso
del país y beneficio de todos.
En alguna oportunidad su labor choca con otras ideas, como
cuando después de ser 12 años el primer director del
Jardín Zoológico, es exonerado por disidencias con un superior.
Holmberg es además un divulgador de las ciencias, por
medio de sus conferencias y de sus escritos en los periódicos. Fue
muchas veces elegido por la Sociedad Científica Argentina para
pronunciarlas. En esa época se llevaban a cabo en teatros (Politeama,
Nacional, etc.) y no era raro que se hicieran presentes en las mismas miembros
del Poder Ejecutivo.
La más famosa fue la que dio en el Teatro Nacional,
organizadora por el Círculo Médico Argentino, el 19 de abril de
1882, poco después de la muerte de Carlos R. Darwin. No había
cumplido los 30 años. Precedido por Domingo Faustino Sarmiento, quien se
ocupó del mismo tema, habló delante de un auditorio de tres mil
personas y lo hizo durante tres horas. Holmberg estaba preparado para asimilar
rápidamente las ideas que Darwin había expuesto en 1859 en la
primera edición de su libro "El Origen de las Especies"; las
dio a conocer en sus clases y divulgado en escritos. La conferencia fue
publicada posteriormente en forma de libro, y su lectura resulta de
interés, porque muestra claramente la posición de joven profesor
en las polémicas científicas que la misma había desatado.
Las publicaciones de Holmberg son muy numerosas. Las de
carácter científico se refieren principalmente a temas de
botánica y zoología, predominando los últimos. Sus
trabajos sobre arañas son los más numerosos y su primera
publicación científica (1874) forma parte de los mismos. Los
estudios botánicos han sido analizados por Burkart en una conferencia
que posteriormente fue publicada.
Holmberg dio a conocer todos sus trabajos en revistas
argentinas. Contribuyó a la fundación de algunas como El
Naturista Argentino (1878) que publicó con su gran amigo Enrique Lynch
Arribálzaga, quien fuera miembro correspondiente de la Academia, la
Revista del Jardín Zoológico (1893) que creó cuando era
Director del mismo y junto con varios colegas los Apuntes de Historia Natural.
No tuvieron una vida muy larga pero sirvieron como para estimular la
publicación futura de revistas argentinas algunas de las cuales
todavía subsisten. Aparte de las mencionadas, sus trabajos se encuentran
principalmente en las publicaciones de la Academia de Ciencias de
Córdoba, en los Anales del Museo de Buenos Aires y en los Anales de la
Sociedad Científica Argentina. Dejó además mucho material
inédito.
Paralelamente produjo su obra literaria que publicaba en
periódicos y revistas. Incluso, cuando lo consideraba interesante,
efectuaba traducciones de obras que consideraba que merecían
difusión.
Por este motivo, el impacto de su personalidad
trascendió más allá de los círculos
científicos. Conocía y se trataba con muchos literatos y
divulgó el conocimiento y el significado e importancia de la ciencia
entre el gran público.
A medida que pasaba el tiempo, Holmberg recibió
pruebas de reconocimiento por la múltiple labor que había
efectuado. Dos de ellas tuvieron carácter público. La primera,
cuando se retiró de la docencia Universitaria. Se celebró el 28
de setiembre de 1915, en un gran salón del Buenos Aires de entonces,
llamado Príncipe Jorge. Fue organizado por la Sociedad Científica
Argentina y al mismo adhirieron numerosas instituciones. Los principales
discursos estuvieron a cargo del Ing. Nicolás Besio Moreno, Presidente
de la Sociedad organizadora, de Leopoldo Lugones, quien tenía un
prestigio intelectual que no se discutía y de su discípulo
Cristobal Hicken. Holmberg contestó con un discurso que tuvo más
de una hora de duración, lleno de anécdotas, y que mantuvo la
atención constante de la concurrencia.
Un año después al concurrir al Congreso de
Ciencias Naturales celebrado en Tucumán, recibió la bienvenida de
sus colegas y allí hizo la siempre recordada declaración sobre la
satisfacción que sentía, "de ser el primer argentino que ha
enseñado Historia Natural y el primero también que dentro de sus
clases se ha valido de ejemplos argentinos."
Cuando el 26 de junio de 1927 cumplió sus 75
años, recibió la segunda recompensa pública. Al cual se
asoció el gobierno, la Universidad, las Academias y numerosas
instituciones científicas.
Presidida por el Ing. Eduardo Huergo, Decano de la Facultad
de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales donde Holmberg había
enseñado, la Comisión organizadora del acto concurrió a su
casa con sus colegas y sus amigos. Allí le fue entregada una medalla de
oro y un pergamino cuyas firmas estaban encabezadas por el Presidente de la
Nación, Dr. Marcelo T. de Alvear; se encontraban presentes el Dr. Angel
Gallardo, Presidente de la Academia y Ministro de Relaciones Exteriores y Culto
quien le hizo entrega del diploma de Presidente Honorario de la misma; el Dr.
Antonio Sagarna, el Rector de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Ricardo
Rojas, Ministro de Instrucción Publica, el Profesor Doello Jurado, quien
anuncio que había sido declarado benemérito del Museo de Ciencias
Naturales; el Prof. Pablo Pizzurno de destacada actividad como educacionista,
su discípulo de siempre, el Dr. Cristóbal Hicken, etc. En esa
oportunidad varias Academias y Sociedades científicas lo designaron
Miembro Honorario y el entonces Concejo Deliberante de la Capital Federal, creo
el Premio que lleva su nombre y que otorga la Academia.
Estos homenajes, constituyen la mejor prueba que el nombre
de Eduardo Ladislao Holmberg, ha de ser siempre recordado en la Argentina, no
sólo por su acción creadora en los estudios de Historia Natural,
sino también por la rectitud de su carácter, por su conducta
pública y por su amor a la tierra donde naciera, todo lo cual
formó la fuerza que determino su incansable quehacer.
Dr. Venancio Deulofeu
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