Angel Gallardo (1867 - 1934)
Angel Gallardo, Ingeniero Civil y Doctor en Ciencias
Naturales, Profesor Universitario, Director del Museo Nacional de Ciencias
Naturales, Presidente del Consejo Nacional de Educación y Embajador en
Roma (Presidencia del Dr. Hipólito Yrigoyen), Ministro de Relaciones
Exteriores y Culto (Presidencia del Dr. Marcelo T. de Alvear), Rector de la
Universidad de Buenos Aires, fue elegido Presidente de la Academia Nacional de
Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en junio de 1927, sucediendo al
Dr. Eduardo L. Holmberg. Continuó en el cargo hasta su fallecimiento, el
13 de mayo de 1934. Había ingresado a la corporación en 1905,
cuando la misma era Academia de la Facultad de Ciencias
Físico-Matemáticas.
Pocos años después fue elegido Miembro Titular
de la Academia Nacional de Medicina (1909), y al fallecer ocupaba el mismo
rango en las Academias Nacionales de Agronomía y Veterinaria, de
Ciencias de Córdoba y en la Academia Argentina de Letras. Era
también Académico Honorario del Instituto del Museo de la
Universidad Nacional de La Plata.
Angel Gallardo fue una figura representativa de su
época. Nació en Buenos Aires el 19 de noviembre de 1867.
Cursó estudios primarios en una escuela privada. De muy joven
aprendió varios idiomas extranjeros que le fueron muy útiles para
su futura carrera científica. Su escuela secundaria fue el Colegio
Nacional de Buenos Aires, donde encontró como Profesor a Carlos Berg,
naturalista de origen ruso, que debía ejercer una gran influencia sobre
su vocación por las ciencias naturales.
Terminado el bachillerato, Gallardo se inscribió como
alumno de Ingeniería Civil en la Facultad de Ciencias
Físico-Matemáticas, rindiendo la última materia en 1892 y
recibiéndose con diploma de honor en 1894, cuando cumplió con la
exigencia reglamentaria final, presentando un proyecto en el cual estudia la
instalación de una fábrica de cal.
En esa época ya muestra su predilección por
escapar a la rutina del estudiante y envía soluciones a los problemas
que se plantean en la "Revista de Matemáticas Elementales" que
comienza a publicarse en 1889. Desde 1886 era socio de la Sociedad
Científica Argentina.
En la Facultad encuentra de nuevo a Carlos Berg, su profesor
de secundaria quien tuvo inicialmente a su cargo el Curso de Zoología y
posteriormente el de Botánica. Gallardo se interesa por los mismos y es
uno de los pocos alumnos que los siguen. Entre la ingeniería civil y las
ciencias naturales, se inclina por estas últimas, pues mientras demoraba
la presentación del proyecto final para obtener su título de
ingeniero, efectuaba en los años 1893 y 1894 algunas publicaciones sobre
temas biológicos. Cuando comienza a actuar en la docencia secundaria, lo
hace tomando a su cargo materias de la llamada Historia Natural. Es uno de los
profesores fundadores del Instituto Libre de Segunda Enseñanza.
Posteriormente, actúa también en el Colegio Nacional de Buenos
Aires.
La Facultad evidentemente conoce su inclinación y sus
conocimientos de esas ciencias, pues en 1895 lo designa Profesor Suplente
(Adjunto) del curso de Zoología que dictaba Carlos Berg y a la muerte de
este último se lo encarga de la cátedra. Un año
después es nombrado Profesor Titular de la materia (1903), cargo que
conservó hasta 1930. Desde 1908 dictó simultáneamente la
Cátedra de Zoología en la Escuela de Farmacia.
Gallardo, que efectúa viajes periódicos a
Europa, no pierde oportunidad para visitar laboratorios y asistir a cursos y a
conferencias para conocer y dialogar con quienes ocupan primeros lugares en las
remas de su predilección. A la vuelta del primero de los mismos
(1895-1896), es elegido Presidente de la Sociedad Científica Argentina,
que ha de cumplir 25 años de vida. Propone celebrarlos organizando un
Congreso Científico Latinoamericano, que tuvo lugar en Buenos Aires, en
el mes de abril de 1898.
Merecen destacarse algunas frases dichas por Gallardo en su
discurso inaugurando el Congreso: "Si son reconocidamente convenientes los
congresos en los centros más civilizados, cuyos hombres de ciencia se
encuentran continuamente en fácil contacto, donde funcionan vigorosas
sociedades e instituciones científicas que los acercan y vinculan,
cuando más útiles y necesarias serían estas asambleas
entre nosotros". Y luego: "Si no queremos caer en una barbarie
civilizada, pero aun que la barbarie primitiva, necesitamos fomentar
inteligentemente nuestras escuelas, enriquecer bibliotecas, fundar y dotar
laboratorios, dar elementos de trabajo a los observatorios y museos, facilitar
las publicaciones científicas".
Estas reuniones se sucedieron en años posteriores
transformándose finalmente en Congresos Americanos. El último
tuvo lugar en Washington en 1940. Los años de guerra rompieron la
tradición de los mismos, que vinculaban a quienes se ocupaban en toda
América de estudios científicos.
Durante el mismo primer viaje a Europa ocurrió un
hecho que tuvo notable influencia en su carrera. Mientras asistía a una
clase del conocido botánico Van Tieghem, observó la semejanza que
existía entre las figuras de la división celular y el llamado
espectro en un campo magnético, que aparecía al orientarse las
limaduras de hierro bajo la influencia de un imán. Esta similitud le dio
la idea de interpretar las figuras de esa división de las células
como el resultado de la acción de una fuerza que denominó
cariocinética, cuya naturaleza no pudo establecer, pero que
precisó como de tipo Newtoniano. Al poco tiempo de llegar a la Argentina
publica su primer trabajo sobre el tema, en los Anales del Museo Nacional de
Buenos Aires.
El mismo le sirve para su tesis, que somete a examen en
1902, obteniendo el Doctorado en Ciencias Naturales. Es la primera de las
presentadas a la Facultad en esa carrera. Un año antes, la misma casa de
estudios había aprobado a otro Presidente de la Academia, Enrique
Herrero Ducloux, la primera tesis del Doctorado en Química.
A la defensa y aprobación de la tesis de Gallardo, se
encuentran estrechamente vinculadas varias personas que ocuparon cargos
directivos en esta Academia y la honraron con su saber y su obra. Su padrino
fue el doctor Juan J. J. Kyle, uno de los pocos Académicos Honorarios
Nacionales de nuestra corporación y un estudioso, que aunque nacido en
Escocia, dejó un nombre en la historia de la Química de nuestro
país, donde viven sus descendientes. De los seis miembros del Tribunal
examinador, cuatro fueron Presidentes de la Academia: Luis A. Huergo, el primer
ingeniero en la Argentina, Eduardo L. Holmberg, Eduardo Aguirre y Miguel
Puiggari.
Gallardo dedicó más de una decena de memorias
al tema de la división cariocinética; la última en 1906.
Su teoría tuvo repercusión en el país y en el extranjero,
y si no alcanzó un valor definitivo, fue considerada un progreso sobre
las propuestas anteriormente.
Otro importante grupo de trabajos que ha dejado Gallardo, es
el conjunto de publicaciones sobre "Las Hormigas de la República
Argentina" que inicia en 1916, aspirando a realizar la revisión
general de la familia en nuestro país. No pudo cumplir con su
ambición como era su deseo y como lo confirma el material que
dejó al fallecer. Un hecho revela el interés que tenía por
los estudios mirmecológicos. Cuando en 1927 siendo Ministro de
Relaciones Exteriores y Culto pasa por Madrid, la Real Academia de Ciencias
Exactas Físicas y Naturales lo recibe en una sesión. Para
responder al saludo de la misma, preguntó a su Presidente, el Dr.
José Rodríguez Carracido, si era preferible un discurso o una
memoria científica. Como le aconsejara la segunda, improvisó una
disertación sobre mirmecología argentina, que duró algo
menos de una hora y como relata Angel Cabrera, fue escuchada sin cansancio por
el auditorio y premiado por calurosos aplausos.
Nunca abandonó el tema de las hormigas, ni aún
cuando tenía a su cargo importantes funciones públicas, como es
fácil de confirmar viendo que no dejó de publicar memorias en
esas épocas, y que las intensificó cuando dispuso de más
tiempo.
Justo a estos dos temas principales de su obra
científica, se encuentran otros trabajos de investigación, en los
cuales considera problemas variados. Así como en su teoría de la
cariocinesis utiliza sus conocimientos de física que bien pueden deberse
a la influencia de su formación inicial de ingeniero, esta última
se nota más claramente en varios trabajos donde utiliza las
matemáticas para el estudio de problemas biológicos. Los mismos
se extienden de 1901 a 1910, y entre ellos figuran los dedicados a las
Matemáticas y la biología, la Fitoestadística, Sur la
preuve statistique de la loi de Mendel, que publicó en los Comptes
Rendus de l'Academie des Sciences de París, o a los Estudios
matemáticos sobre la herencia en el ganado vacuno.
En sus años iniciales incursiona también en el
campo de la botánica, dedicando un número de trabajos a problemas
de teratología vegetal.
Un resultado de sus observaciones sobre la enseñanza
de las ciencias naturales en Europa, fue la implantación de los trabajos
prácticos en la enseñanza de la zoología. Como la expresa
en 1907, en un informe a la Universidad considera que no debe recargarse la
memoria del alumno con nociones verbales, sino procurar por todos los medios
habilitarlo para el trabajo original.
Con anterioridad, al considerar los Planes de Estudio de las
Ciencias Naturales en las escuelas secundarias, manifiesta al Ministro Dr. Juan
R. Fernández, que la misma debe tener tres propósitos:
- El valor educativo de estas ciencias.
- Su importancia filosófica, como satisfacción de la curiosidad
innata del espíritu humano.
- La suma de conocimientos positivos que puede adquirir el alumno.
Y agrega que, en su opinión, el primer objetivo debe
firmar sobre los demás temas. "Las Ciencias Naturales constituyen
la mejor disciplina para desarrollar en los alumnos la atención y el
hábito de observación metódica". "El profesor...
debe huir de la transmisión de conocimientos verbales
".
El valor educativo y social de la ciencia es un tema que se
repite en la acción de Gallardo, mediante publicaciones,
fundación de sociedades y en su actividad personal cuando tiene cargos
ejecutivos.
Aparte de sus cátedras, la mayor responsabilidad de
Gallardo en el orden científico fue su vinculación con el Museo
de Ciencias Naturales (hoy Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia),
del cual ocupó la Dirección en forma transitoria, siendo muy
joven (1897), por viajar a Europa su Director Titular, el Dr. Carlos Berg.
Un aspecto merece destacarse en su vinculación con el
Museo, que muestra una faceta definida de la personalidad de Gallardo, su
generosidad. Cuando en 1902 fallece el director Carlos Berg; Gallardo, que
había sido señalado por su maestro como su posible sucesor, apoya
para el cargo, ante el Ministro Joaquín V. González, a Florentino
Ameghino, quien es designado y lo ocupa hasta su muerte en 1911. Entonces
Gallardo lo sucede y trabaja activamente por el progreso de la
Institución, y mientras hace gestiones para obtener la
construcción de una sede para el mismo, obtiene locales que permiten su
expansión y fondos para aumentar sus actividades. Incorpora a varios
estudiosos distinguidos y fomenta la organización de expediciones al
interior del país. En 1916, el Museo, que había estado clausurado
al público por varios años, se abre nuevamente. A fines de 1916
se retira de la Dirección para ocupar la Presidencia del Consejo
Nacional de Educación. Con el andar de los años el Museo logra su
nuevo edificio y Gallardo tiene la satisfacción de asistir a la
inauguración de su primera sección.
La designación del Presidente del Consejo Nacional de
Educación puede considerarse como el comienzo de la carrera de hombre de
negocios de Angel Gallardo. Su actividad fue intensa. Durante su presidencia se
crearon unas 1600 nuevas escuelas primarias. Pero no se aleja de sus Ciencias
Naturales; encuentra tiempo para continuar sus estudios sobre hormigas y para
ayudar al progreso de las mismas en el país.
Al término de su período, el Presidente de la
Nación, Dr. Hipólito Yrigoyen, le ofrece la embajada en Roma,
donde actúa desde fines de 1921. Su interés científico no
decae, visita laboratorios y asiste a reuniones académicas y a
Congresos.
Poco después, Yrigoyen es sucedido en la Presidencia
de la Nación por Alvear, quien le ofrece el Ministerio de Relaciones
Exteriores y Culto. Gallardo se hace cargo del mismo a fines de 1922 y termina
su misión el 12 de octubre de 1928 junto al Presidente que lo nombrara.
Hacía algo más de un año que
había sido designado Presidente de la Academia. Dos años antes,
en 1925, el Presidente Alvear había resuelto por Decreto refrendado por
el Ministro de Instrucción Pública, Dr. Antonio Sagarna, que las
Academias se organizarían como instituciones autónomas. No
existen pruebas que Gallardo haya influido desde su cargo de Ministro para que
se tomara dicha resolución, pero es interesante que en su primera
memoria como Presidente, señala con cierta satisfacción que la
Mesa Directiva que ha presidido ha sido la primera, designada por la Academia,
con autonomía y con personería jurídica.
Fue en 1927 como Ministro y como Presidente de la Academia
cuando representó a la Argentina en los actos recordatorios del
centenario del nacimiento de Marcelino Berthelot, que se celebraron en
París, donde fue designado para usar de la palabra en nombre de todas
las delegaciones extranjeras, en la reunión que culminaba el homenaje.
Fue reelegido Presidente dos veces. Durante su residencia,
la Academia llevó una vida activa, como lo comprueban no solamente las
Memorias Anuales, sino también las páginas de los Anales, que
Gallardo insistió en la importancia de publicar regularmente.
Ocupaba por tercera vez la Presidencia cuando fue designado
por unanimidad de votos de la Asamblea Universitaria, Rector de la Universidad
de Buenos Aires, en mayo de 1932, llegando así al más alto cargo
que la misma podía ofrecer a quien comenzara siendo uno de sus
estudiantes.
Angel Gallardo renunció al Rectorado a los dos
años de ocuparlo, el 2 de abril de 1934. Por una parte consideraba
cumplida su misión, por otra, los principios que siempre habían
regido su vida, hicieron que considerara incompatible ser Rector de la
Universidad y tener que tratar con el Poder Ejecutivo importantes asuntos
privados.
Su renuncia fue aceptada pocos días después y
antes que se eligiera su sucesor, fallecía el 13 de mayo durante la
noche, en forma súbita, inesperadamente para su familia y amigos.
Había trabajado hasta el último día de su vida.
Muchos honores recibió Gallardo. Además de las
Academias Nacionales argentinas que lo llamaron a su seno, era Miembro
Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y
Naturales de Madrid; Profesor honoris causa de las Universidades de Padua y de
Bonn; Miembro Honorario de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima y de la
Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de
Chile; Miembro Correspondiente de la Sociedad Científica Antonio Alzate
de México, de la Sociedad Científica de Chile, de la Zoological
Society de Londres, de la Societé de Biologie de París, de la
Sociedad Cubana de Historia Natural, etc.
Al fallecer, el Presidente de la Nación Gral.
Agustín P. Justo y sus ministros se hicieron presentes en su domicilio,
lo mismo que autoridades de las numerosas instituciones oficiales y privadas en
las cuales Gallardo había actuado. El Vice Presidente de la Academia
Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Ing. Agustín
Mercau, concurrió acompañado de un grupo de Académicos.
La Academia no olvidó a su ilustre presidente. Al
año de su fallecimiento, realizó un acto de homenaje a su
memoria, al cual asistieron el entonces Presidente de la República Gral.
Agustín P. Justo y los Ministros de Justicia e Instrucción
Pública y de Relaciones Exteriores y Culto, Dres. Manuel de Iriondo y
Carlos Saavedra Lamas. El discursos de apertura estuvo a cargo del Presidente
de la Academia Ing. Agustín Mercau y el elogio académico fue
pronunciado por el Dr. Enrique Herrero Ducluox.
El Prof. Martín Doello Jurado publicó al mismo
tiempo un documentado relato de la actuación del Dr. Angel Gallardo en
el actual Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
Al cumplirse el tercer decenio de su muerte, se
efectúo una reunión especial recordatoria, en la cual una vez
abierto el acto por el Presidente de la Academia, Dr. Abel Sánchez
Díaz, hablaron el Dr. Max Birabén, quien ocupaba entonces el
cargo del Director del Museo, la Profesora Luz Viera Méndez, Presidenta
del Consejo Nacional de Educación y el Dr. Julio H. G. Olivera, Rector
de la Universidad de Buenos Aires, cargos todos que habían sido ocupados
anteriormente por el Dr. Gallardo.
Finalmente, al cumplirse el centenario de su nacimiento, al
Academia realizó un acto en el cementerio de la Recoleta, en el cual
hizo uso de la palabra el Presidente de la misma, Dr. Abel Sánchez
Díaz.
A fines de 1947, la Academia creó el Premio
"Angel Gallardo", destinado a premiar un trabajo de zoología.
Un medallón con su busto fue colocado en la sede de la misma.
Una calle que lleva su nombre, cerca del Museo de Ciencias
Naturales, recuerda su vinculación con esa Institución, lo mismo
que la escuela Angel Gallardo, señala su paso eficiente por la
Presidencia del Consejo Nacional de Educación. En 1969, la figura de
Angel Gallardo fue seleccionada por el correo argentino para integrar una serie
de cinco sellos, con la efigie de otros tantos científicos argentinos
fallecidos.
El recuerdo de Angel Gallardo persistirá siempre en
la memoria de los argentinos que honren a quienes trabajaron en beneficio del
país, porque sentían que cumplían con un deber de la hora.
En Gallardo se unió el profesor y el investigador, el educador y el
estadista, que no se desvió nunca de su honestidad, rectitud y
principios, para pertenecer a ese grupo selecto. Donde ejerció un cargo,
dejó siempre la marca de un progreso, en beneficio de la Nación.
Dr. Venancio Deulofeu
|