













 |
Volver
COMUNICACIONES CIENTÍFICAS DE ACADÉMICOS
Año 2007
Trabajos publicados por el Académico Enrique J. Baran
 Si usted desea, puede ver o bajarse el
Documento.
"El camino recorrido por Japón para el saneamiento de los
ríos
"caso del Rio Sumida "
Michio Kuriyagawa - Académico Correspondiente en
KYOTO, JAPON.
 Si usted desea, puede ver o bajarse el
Documento.
Panel "El español como lengua de la ciencia (ciencias
aplicadas)"
IV Congreso Internacional de la Lengua
Cartagena de Indias - 28 de marzo de 2007
Horacio C. Reggini
Miembro de la Academia Argentina de Letras,
Miembro de la Academia Nacional de Educación,
Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y
Naturales,
Buenos Aires, Argentina.
La lengua española en la ciencia
El lenguaje descriptivo del pensamiento (i)
Cuando, en 1982, publiqué mi libro Alas para la mente, sobre el
lenguaje Logo, Hilario Fernández Long escribió un prólogo
que comienza de esta manera: "Alrededor del año 1770, el relojero
suizo Pierre Jacquet-Droz construyó tres androides (la horrible palabra
"robot" [proveniente del término checo "robota", que
significa "servidumbre" o "trabajador forzoso], no había
sido aún inventada por Kapek) que maravillaron a la Europa de esa
época". Eran dos niños y una mujer activados por complejos
mecanismos de relojería. Uno de ellos escribía mensajes con la
mano derecha, mientras que la izquierda movía el papel y su mirada
seguía los movimientos. El otro hacía dibujos y la mujer tocaba
un órgano, imitando con el pecho el ritmo de la respiración y
moviendo la cabeza.
"La idea de autómatas con figura humana no era nueva. Varios
milenios antes, confirmando la regla de que "todo es más viejo de
lo que se cree", Vulcano ya había construido dos androides
femeninos de oro macizo, que le ayudaban a caminar con sus malformados pies,
según nos cuenta Homero en La Ilíada, al describir la visita que
hizo la diosa Tetis al taller automatizado de Vulcano, a fin de pedirle una
nueva armadura para su hijo Aquiles".
Más allá de lo maravillosas que resultaran ambas, para
Fernández Long había una diferencia abismal entre las criaturas
del relojero y las del dios griego: la manera de comunicarse. "Para
indicarle al niño escritor de Jacquet-Droz que modificara su mensaje,
era necesario cambiar su "programa", lo cual requería seis
horas de trabajo de un experto relojero. En cambio, a los autómatas de
Vulcano, no había más que hablarles. [...] En cuanto a sus dos
"enfermeras" de oro, "había inteligencia en su mente y
con la boca hablaban", según el texto homérico". (ii)
A este tema de la comunicación entre el hombre y sus autómatas
se refieren los lenguajes de las computadoras. Siguiendo las ideas de Marvin
Minsky y Seymour Papert, y agregando las mías propias, me dediqué
intensamente, a partir de 1980, al campo de las computadoras en la
educación y, con más generalidad, al de las computadoras al
servicio del espíritu, proponiendo la utilización de lenguajes
adecuados en español y, especialmente, el uso de nuevas modalidades, de
nuevos estilos. (iii) Tenía el convencimiento de que las computadoras
podían ser empleadas por las personas para aprender, jugar, explorar y
experimentar la alegría del descubrimiento y de la creación que
caracteriza tanto a la investigación científica como a la
artística. El enfoque seguido se apoyó en el lenguaje Logo,
desarrollado en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto
Tecnológico de Massachussets. Mi argumento principal giró
alrededor de la idea de que la práctica con Logo podía hacer
comprender que la computación no era meramente un producto
tecnológico, más bien tenía que ver con la
descripción de los hechos y de los fenómenos de la mente y de la
naturaleza, y la manera como esos hechos y fenómenos se producen. Me
lamentaba entonces de tener que llamar a la computación con ese nombre,
tan pesado como apabullante; más bien pensaba que debería
llamarse la ciencia de las descripciones y de los lenguajes aplicados. Ocurre
que un lenguaje conveniente de computación, además de
proporcionar un medio de control de una computadora, ofrece un poderoso
lenguaje descriptivo del pensamiento.
El lenguaje Logo estaba preparado sin los incómodos tecnicismos que
caracterizan a algunas innovaciones tecnológicas. Las
terminologías y las convenciones establecidas en muchas áreas del
saber tornan a menudo algo abstracta y lejana a la realidad, y son,
frecuentemente, fortalezas sin ventanas que imposibilitan a los inexpertos
penetrar en ellas. Son trampas también para los entendidos, ya que les
impiden ver su mundo desde puntos de vista innovadores.
Logo es una herramienta de ideas fecundas para comprender el desarrollo de
la mente y del lenguaje y sus significaciones. Una parte del vocabulario del
lenguaje Logo está dedicada a proporcionar medios simples para el
tratamiento de problemas geométricos. Los dibujos se describen como si
fuesen realizados por una "tortuga" que al desplazarse en la pantalla
deja un rastro o huella, y objetiva así nuestras ideas acerca de
cómo efectuar un dibujo. Esta ingeniosa metáfora ha conspirado
contra la modalidad Logo, dando pie a que algunos ridiculizaran su
aplicación.
Las órdenes ADELANTE (avanzar) y ATRÁS (retroceder) mueven
respectivamente la tortuga en las direcciones correspondientes. Se las llama
"órdenes primitivas", ya que forman parte del lenguaje
básico. Ídem las primitivas de giro DERECHA e IZQUIERDA, que
cambian la orientación angular sin modificar la posición de la
tortuga.
Podemos guiar a la tortuga en un itinerario deseado sobre la pantalla,
escribiendo órdenes unas tras otras, y observando, consecuentemente, el
dibujo que el rastro de la tortuga va dejando. Pero las palabras más
interesantes son las personales que cada uno inventa, a partir de las
primitivas del lenguaje o de otras que uno ya ha definido. Las palabras en Logo
son órdenes: impulsan a la tortuga a hacer algo. Inventar nuevas
palabras significa, entonces, inventar nuevas acciones.
Un procedimiento o programa en Logo es, internamente, un conjunto estricto
de órdenes que la computadora debe cumplir. Externamente, un
procedimiento activado por una palabra es similar a una orden básica u
otra ya definida, que produce, por ejemplo, un dibujo en la pantalla. Una cosa
es el proceso interno de definición del procedimiento; otra, es el
producto externo como resultado de la ejecución del procedimiento.
La tecnología y la gramática
A veces, el uso de la tecnología requiere soslayar algunas reglas de
la gramática vigente. Tal es el caso del infinitivo en el lenguaje Logo,
que yo creí conveniente utilizar, a fin de alcanzar una manera de
expresión uniforme para toda Hispanoamérica, aunque lo correcto
hubiera sido emplear el modo imperativo.
En la década del ochenta realicé varias traducciones al
castellano del lenguaje Logo para las máquinas Texas TI-99, Texas-PC y
MSX, siguiendo la nomenclatura de mi libro de 1982, Alas para la mente.
Utilicé entonces vocablos de uso habitual y corriente en el mundo de
habla hispana. En las versiones volcadas del inglés, elegí el
infinitivo para los verbos por las razones siguientes.
En Logo, las órdenes se dirigen a una tortuga virtual que aparece en
la pantalla. Uno le habla metafóricamente a ella, es decir, a la
computadora o a Logo, como si fuera un ser viviente. Lo importante no es la
tortuga o la computadora, sino lo que nosotros podemos lograr que ella haga y
nuestra reflexión sobre la forma de lograrlo.
La forma impersonal del infinitivo permite acomodarse a una audiencia
más amplia, ya que evitamos la diferenciación entre el uso
familiar del "tú" y el empleo del "usted", que se
estila en el trato más formal. Además, el tratamiento del
infinitivo, como forma impersonal, es común a todos los países de
habla hispana, y permite dejar de lado los regionalismos de algunas formas
personales, como por ejemplo el uso del "vos" en los países
del Río de la Plata.
El infinitivo permite también resolver los problemas que se plantean
en algunos casos debido a los accidentes verbales de número y tiempo.
Por ejemplo, hablar a más de una entidad Logo (v.g. el caso de tortugas
múltiples) exigiría el empleo de la forma plural de los verbos si
no se empleara el modo infinitivo.
Buen uso del español en la ciencia
La lengua es la constructora de la estructura de la ciencia, que no puede
desarrollarse ni expandirse sin su concurso. El lenguaje científico se
identifica por su léxico. Sus vocablos deben ser específicos y
unívocos. Estos términos especializados resultan
herméticos y de difícil comprensión para el público
que no pertenece al ámbito de la ciencia o de la técnica. A los
nuevos descubrimientos y desarrollos tecnológicos se les asignan nuevos
nombres, y entonces aparecen a menudo los neologismos. Si ya se torna
complicada la interpretación de los conceptos que desconocemos por no
estar instruidos en la materia respectiva o porque las palabras se han
inventado recientemente, cuando los vocablos empleados son importados de otras
lenguas, la situación empeora. En los países de habla hispana, no
debería ser así, si tenemos en cuenta que el vocabulario
científico español procede en su gran mayoría del
latín y el griego. Sin embargo, hoy el imaginario colectivo suele
asociar a la ciencia con el habla inglesa, dado el abuso de anglicismos en el
ámbito científico y tecnológico. A diferencia de lo que
ocurría con los inventos de hace un siglo, que eran denominados con
voces provenientes de las lenguas clásicas, en la actualidad, la
mayoría de los términos que suelen aparecer en un texto
científico o técnico surgen en habla inglesa. Numerosas nociones
nos llegan en idioma extranjero y deberían preferentemente encontrar
equivalencias en la propia lengua.
Aquí, el trabajo en la divulgación científica, ya sea
de investigadores, periodistas o traductores, es de suma importancia, ya que
debe lograr la comprensión del público en general sin aligerar o
trivializar los contenidos científicos. El conocimiento del idioma y su
saber y habilidad en el ámbito de las letras resultan entonces
fundamentales. Deben tener en cuenta, además, las características
del habla de la sociedad receptora. Es primordial, a su vez, que los textos de
divulgación sean atractivos, amenos y de fácil
comprensión. El uso del lenguaje debe ser correcto y cada vocablo
técnico utilizado debe estar bien expresado, dentro de un contexto que
facilite la correcta interpretación. Es errónea la presunta
contradicción o equivocado antagonismo entre el científico que
crea saber en su laboratorio y el divulgador que da a conocer la ciencia al
gran público. Desde una perspectiva sociocultural, es importante
sostener que la tarea de divulgación puede garantizar que una cantidad
numerosa de ciudadanos "reciba un poco de lo que constituye el honor del
espíritu humano y que no se mantenga al margen de la aventura de la
especie"; (iv) que "la brecha en el acceso a los conocimientos
profundiza, y tiende a perpetuar, la brecha social"; y que "los fosos
que cavan las desigualdades debilitan la capacidad de los ciudadanos y se
erigen como amenaza a la democracia". (v) Lo estrictamente
científico y lo que puede denominarse divulgación no son
excluyentes. Creo que hay que ofrecer aliento a los que están enrolados
en la batalla por una buena historia y una buena ciencia para todos. (vi)
Responsabilidad por la conservación y evolución del
idioma
Muchas veces se encuentra dificultad al intentar traducir los vocablos que
provienen de otras lenguas, o crear un neologismo que corresponda a un nuevo
concepto. Cuando el término ya está muy difundido en su lengua
original (generalmente en inglés) hay que alcanzar un acuerdo entre los
usuarios de habla hispana. Frente a ello, algunos optan por mantener el vocablo
en su idioma de origen sin traducirlo al español. Esta situación
se ha incrementado enormemente con la expansión de Internet y el
léxico de la Informática. (vii) Infortunadamente, pocos se
preocupan por reivindicar el empleo de correctas palabras en español y
abandonar las foráneas, en su mayoría inglesas. Esta actitud
reviste verdadera ignorancia sobre las amplias posibilidades del
español.
En la Argentina, la dirección en la Red del sitio oficial de la
Presidencia de la Nación es "presidencia.gov.ar". Se utiliza
la extensión "gov." -proveniente de la palabra inglesa
government- para identificar su naturaleza gubernamental, en lugar de la
designación correcta "gob.", abreviatura de la palabra
española "gobierno". La abreviatura "gov." vale bien
para el portugués o el italiano, ya que en ambos idiomas se escribe
"governo". No obstante, el término "gov." es
utilizado también en algunos países de habla hispana, dada la
preeminencia del idioma inglés en Internet, aunque no existe
razón esencial tecnológica o convención internacional que
impidan la elección de "gob.". Cuba, El Salvador, Guatemala,
Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú son algunos
ejemplos de países que usan correctamente la extensión
"gob.", en español, para sus sitios presidenciales. Uruguay
emplea, en cambio, "gub." -abreviatura de gubernamental- y Costa Rica
utiliza "go.". Puerto Rico usa la palabra completa
"gobierno.". En España, la dirección del presidente es
"www.la-moncloa.es/Presidente". Pese a críticas de diversas
instituciones, en la Argentina, hasta el momento, sigue utilizándose la
abreviatura "gov." en los "sitios" gubernamentales
oficiales. El Ministerio de Educación posee, lamentablemente, por
ejemplo, la dirección "www.me.gov.ar", fuente de
confusión para los educandos acerca de la ortografía de la
palabra "gobierno".
Alcanzar un buen español en la ciencia, compartido por todos los
países hispanohablantes, redundará en mayor creatividad
científica, al percibir a la ciencia -que, en esencia, es lenguaje- como
un objeto propio de nuestra lengua y no prestado por otras. Esto no significa
que no debamos utilizar ningún neologismo proveniente de las lenguas
más activas en creación científica, pero una cosa es usar
algunos y otra, que de continuo incorporemos estructuras
lingüísticas que nos impidan pensar por cuenta propia y en nuestra
lengua. Los neologismos extranjeros ocasionan esfuerzos que dificultan la
difusión de la ciencia. La utilización continua del inglés
en reuniones y congresos lleva a pensar, además, que el que habla en su
lengua materna luce menos que el que se expresa en una ajena.
Creo que el uso de las palabras requiere, hoy más que nunca, de la
reflexión adecuada; y la tecnología puede y debe ser utilizada
sabia y armoniosamente para velar por ellas. (viii) No cabe duda de que los
nuevos medios enriquecen la cultura al extender la distribución de la
información. Pero para que ello sea genuinamente así, uno de los
primeros requisitos es la conservación de nuestro acervo cultural y,
fundamentalmente, de nuestra lengua. (ix) Pocos toman la iniciativa en este
esfuerzo por su avance. La comunidad científica debe asumir la
protección del idioma, así como los lingüistas, traductores,
periodistas, dirigentes, docentes y académicos de todas las ramas de la
cultura. Es necesario que adquiramos conciencia de que la sana
conservación y el desarrollo de nuestro idioma es responsabilidad de
toda la sociedad. Un buen español en la ciencia necesita atención
y cuidado en su preservación y evolución, lo cual, a su vez,
facilita su robustez.
Importancia de la ciencia en español
Existen varios ejemplos de la relevancia que se le ha concedido desde
siempre a la ciencia en español. Quisiera recordar en este trabajo, por
ejemplo, la traducción a la lengua española de los seis libros
primeros de la Geometría de Euclides, realizada por Rodrigo de Zamorano
(1542-1620, Valladolid-Sevilla), astrólogo y matemático,
catedrático de Cosmografía de la Casa de Contratación de
Sevilla y cosmógrafo de Felipe II. La obra tiene un prólogo que
contiene una historia de la Geometría e interesantes comentarios
insertos a lo largo del texto de Euclides. Zamorano fue autor de diversas
obras, entre las que descuellan el Compendio del Arte de Navegar, que fue
traducido al inglés en 1610, y Cronología y repertorio de la
razón de los tiempos (Sevilla, 1594), en la que pone en práctica
los procedimientos para ejecutar las labores agrícolas de acuerdo con la
observación de los movimientos de los astros. A Euclides se refirieron
también, por esos años, Pedro Ambrosio Onderiz, con Perspectiva y
Especularia de Euclides (x) y Luis Carducchi, con su libro Elementos
Geométricos de Euclides Megarense (xi), ambos volúmenes
disponibles en la Biblioteca Nacional de Madrid. En todas estas obras
históricas se alude a la lengua española (entonces castellano
romance o lengua vulgar) y a su importancia para la difusión de la
ciencia y, sobre todo, de la tecnología, dado que el latín,
encerrado en la endogamia universitaria de entonces, no difundía los
conocimientos técnicos necesarios en ese panorama cambiante que fue la
transición del siglo XVI al XVII.
Reproduzco aquí algunos fragmentos que he seleccionado por la
oportunidad de sus comentarios, que son aplicables también al momento
actual:
" ... auiades traduzido los seys libros primeros de la geometria de
Euclides en nuestra lengua española porque hauian sido muy deseados de
muchas gentes por la gran utilidad que trayan assi a los que siguen las
mathematicas como a todos los artifices, y que en traduzirle no solo auiades
passado muchos trabajos en que materia tan dificil y obscura, estuuiesse clara
en nuestra lengua, pero a la republica se le habia hecho no pequeño
beneficio por la necesidad que desta obra se tenia [
].
Por lo qual siendo esta scientia tan antigua, necessaria y noble,
procuré de comunicarla a todos para que se puedan universalmente
aprovechar della en todas las artes y scientias. [...] Pareciendome mejor el
prouecho que los unos hazia que no la murmuracion que por fuerza tengo que
sufrir de los demas, que les parece, que el andar las scientias en lengua
vulfar es hazerlas Mechánicas, no mirando que los authores que al
principio los escribieron, los dexaron scriptos en lengua que entonces era tan
vulgar como ahora lo es la nuestra, y que no buscaron otras agenas en que
escribir porque su intencion fue mas de aprouechar a todos que no de encubrir a
nadie la scientia ... " [sic]. (xii)
Otro libro singular digno de citar es el de Juan de Herrera, el gran
arquitecto de El Escorial, titulado Institvcion de la Academia Real de
Mathematica (Madrid, 1584), obra breve y curiosa, escrita en castellano
antiguo, que trata de la Institución (Constitución o Reglamento)
de la Academia Real de Matemática, verdadera escuela de ciencia e
ingeniería, fundada por Felipe II en 1584, en la que se enseñaba
en castellano y donde había un responsable encargado de traducir a esta
lengua las principales obras clásicas. En el texto de Herrera se
describen de manera clara las muy diversas habilidades y artes que
podían y debían beneficiarse del saber matemático de la
época. Aquí, algunos párrafos:
" ... Ha sido su Magestad seruido, q en su Corte aya vuna lectió
publica de Mathematicas, trayendo para ello personas eminétes q las
leá y enseñe publica y graciosaméte, a todos los q las
quisieré oyr. Y con esto, por medio de su liberalidad, y
magnificécia real sus subditos, se habilité, y ennoblezca enestas
facultades, y é sus reynos aya sin esperarlos de otros. [...] Para que
assi como por beneficio y merced de Dios en estos Reynos los naturales dellos
florecen en Christiandad, armas, y letras diuinas y humanas, no careciendo
destas Artes salgá en las demas, mas perfectos y eminentes: pues las
sciencias todas como las virtudes se ayudan y fauorecen juntas, por el vinculo,
y conexion que entre si tienen: De donde los Griegos llamaron el curso de todas
ellas Encyclopedia, que quiere dezir circulo de disciplinas [...].Y finalmente
para que los hijos de los nobles que en la Corte, y palacio de su Magestad se
crian, y se instruyen, en el lenguaje y trato cortesano, tengan entretanto que
salen a la guerra, y cargos del gouierno occupacion loable y virtuosa, en que
gastar el tiempo honradamente, sin q por falta de conuersacion larga, y de
gusto ayan de dar en entretenimientos derramados y otras falas que siguen a la
mocedad desocupada, y los que vuieren de seguir las letras vayan ya
principiados en las disciplinas Mathematicas q abrén la entrada y puerta
a todas las demas sciencias por su grande certitud y mucha euidencia, donde
tomaron el nombre de Mathematicas, o disciplinas q todo es uno, y manifiesta el
metodo verdadero y orden de saber, disponiendo el entendimiéto para que
leuantados sobre las cosas materiales y sensibles, suba a la contemplacion de
las sobrenaturales y intelligibles" [sic]. (xiii)
Las alusiones históricas anteriores tienen una doble importancia. Por
una parte, permiten darse cuenta de que desde hace siglos se ha prestado
atención en España a cómo debe ser el lenguaje
científico. Por otra, muestran que, en esos casos, se liberaba a la
ciencia del criterio de autoridad atribuido al latín y no se daba por
sentado que dejar de usar esta lengua podía conducir a una ciencia
débil o de jerarquía menor. Algo similar podría decirse
ahora respecto del inglés, o, en tiempos pasados, del alemán o el
francés. Además, el uso del español (como lengua vulgar)
difundió el pensamiento y los procedimientos de la ciencia y de la
técnica fuera de los círculos endogámicos tradicionales.
Esta comparación histórica sirve, entonces, para iluminar la
situación actual.
En la Edad Media, la mayor parte del saber se hallaba en los monasterios,
donde se encontraban los exiguos libros disponibles y los monjes que los
leían y transcribían en latín.
A partir del siglo XIII, en España, con la utilización inicial
del romance castellano o lengua vulgar en los monasterios de San Millán
de la Cogolla de La Rioja, se abrió el camino para el uso del
español en la ciencia, haciéndola accesible a muchos gracias a la
invención de la imprenta por J. G. Gutenberg (1400-1468) en Maguncia.
Paulatinamente, la ciencia pasó a ser expresada en el lenguaje propio
popular de cada región. Así, por ejemplo, G. W. Leibniz
(1646-1716) publicó sus pensamientos en el idioma alemán de su
tiempo y lugar, en vez del latín, como era costumbre hasta entonces.
Tampoco debemos olvidar -los hispanoamericanos- la intensa vocación
universitaria que nos legó España desde 1492. En 1538, cuarenta y
seis años después de la llegada de Colón, fue fundada en
Santo Domingo la primera universidad del continente americano (la hoy llamada
Universidad Autónoma de Santo Domingo de República Dominicana), a
la que siguieron, durante ese mismo siglo XVI, la de México (Universidad
Nacional Autónoma de México, 1551), la de Lima, Perú
(Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1551) y la de Bogotá,
Colombia (inicialmente, Universidad Santo Tomás, 1580). En el siglo XVII
fueron creadas universidades en: Córdoba (Universidad Nacional de
Córdoba, 1613, la más antigua de Argentina), Santiago de Chile
(Universidad de Santo Tomás de Aquino, 1622), Charcas, Bolivia
(Universidad de Chuquisaca, 1624), Guatemala (Universidad San Carlos de
Guatemala, fundada en 1676 por la Real Cédula de Carlos II); y en el
siglo XVIII en: Caracas (Universidad Central de Venezuela, 1721), Santiago de
Chile (Universidad de San Felipe, 1728, fundada por Felipe V), La Habana, Cuba
(Universidad Nacional de La Habana, 1728) y Quito (Universidad de Santo
Tomás de Aquino, 1769, que, unida a la Universidad de Quito, llamada
también Universidad de San Gregorio Magno, formaron la Universidad
Central del Ecuador en 1826). La Universidad de Santo Domingo se
anticipó casi cien años otros centros de estudios de origen
inglés del continente.
Desinterés por la ciencia
No puede hablarse de la importancia y de la utilización de la ciencia
sin analizar las condiciones en que se desenvuelve.
En la inauguración, en 1947, de su Instituto de Investigaciones
Bioquímicas Fundación Campomar, el Premio Nóbel argentino
Luis Federico Leloir dijo: " ... es poco común llegar a comprender
cuáles son los pasos necesarios para que la ciencia avance. Todos
valoran la enorme influencia que ésta tiene sobre la necesidad moderna,
pero son escasos los que dirigen sus esfuerzos hacia el progreso
científico. Esta falta de interés es debida en gran parte al
hecho de que los resultados de la investigación aparecen lentamente y
bajo formas poco espectaculares. A veces se requieren muchos años antes
de que un descubrimiento se manifieste en forma que pueda ser apreciada por el
gran público". (xiv)
George Steiner, quien valora el mundo científico tecnológico y
las grandes preguntas sobre el misterio de la vida y del universo, ha dicho que
los grandes científicos se expresan siempre con cierta modestia porque
no pueden fabricar un fraude. "En el campo científico, el que
comete un [engaño] es eliminado de inmediato". Recuerda
también que nos toca a todos comprender la ciencia, y afirma: "Hoy
no se puede hablar de hombres y mujeres de cultura, en el sentido general de la
palabra cultura, si no conocen la ciencia". (xv)
Casi todos los gobernantes de los diversos países proclaman su
interés en el desarrollo de la ciencia, pero son pocos los que concretan
sus declaraciones en hechos genuinos.
La ciencia no es neutral sino que debe asumir la responsabilidad por las
potencialidades que abre al hombre; los medios y los fines se influyen
mutuamente. Existe actualmente cierto desinterés o descreimiento hacia
la ciencia. Algunas causas no se remedian fácilmente: la penuria
socioeconómica de los investigadores; la competencia ruinosa de la
televisión, que ha convertido casi todo en espectáculo; la
invasión seudo cultural de carácter globalizador en forma de
diversiones y máquinas de consumo masivo; la generalizada frivolidad que
nos habla e impulsa en idioma extranjero hacia nuevos productos y costumbres,
etcétera.
Respecto a la mencionada indolencia frente la ciencia, es indudable que el
mal empleo de la lengua materna, a su vez, dificulta su difusión y
comprensión.
El discurso cautivo de la ciencia
La ciencia se enfrenta con un problema mayor que amenaza con hipotecar su
futuro: la ultra especialización. La velocísima
multiplicación de las ramas del saber parece hacer cada vez más
difícil una visión de conjunto de los conocimientos y resultados
adquiridos.
Y esto sucede en todas las lenguas y en la mayoría de las
áreas o reductos científicos. El lenguaje de cada parcela del
saber tiende a ser hermético, cerrado, como si sus culturas no deseasen
interferencias de ninguna índole y su saber se tratase de un tesoro
propio inalcanzable para otros semejantes. Y para ello se lo construye a menudo
de manera críptica, oscura, con toda una serie de vocablos que denotan
generalmente una escuela, tendencia o moda dominante del momento dado.
Desafortunadamente, en algunos casos, la atención de los
investigadores se ha concentrado con frecuencia en los aspectos más
científicos que en los humanos. Es así como los investigadores
jóvenes se sienten con frecuencia algo incómodos cuando se los
aleja de temas pertenecientes a la práctica de una determinada
especialización excluyente.
Como corolario, podría decirse que la ciencia pareciera estar
inmersa, en diversas ocasiones, en creencias o paradigmas sociales que le
imponen barreras, prejuicios o vínculos tanto intelectuales como
prácticos.
El científico portugués João Magueijo, doctorado en
Cambridge University y actualmente en el Perimeter Institute of Theoretical
Physics en Canadá, ha escrito el libro Más rápido que la
velocidad de la luz: Historia de una especulación científica
(xvi), en el que cuenta cómo ha desarrollado una teoría
según la cual la velocidad de la luz es variable, lo que contradice la
teoría de la relatividad de Albert Einstein, que sostiene que es
constante.
Magueijo hace en su libro una aguda crítica a la comunidad
científica internacional explicando cuán difícil es la
aceptación de una idea nueva dentro de un determinado círculo
científico establecido. Argumenta que el núcleo de especialistas
que domina y lidera un campo del saber trata a veces de frenar o atemperar
estos procesos. Esta circunstancia le aconteció a Isaac Newton con su
mecánica, que derribó creencias medievales, y también a
Galileo, con los profesores de la Universidad de Pisa. Ídem a Einstein,
en los primeros años de divulgación de sus pensamientos
originales. Producir ciencia tiene, sin duda, sus complicaciones. (xvii)
Intelectualmente, la ciencia es mirada sólo como el estudio y la
aplicación de las ciencias exactas, físicas y naturales, aunque
todos deberíamos ser más conscientes de que es cada vez
más difícil separarla de los numerosos factores complejos e
interrelacionados que conforman la sociedad moderna.
Desde el punto de vista práctico, la ciencia se ve fuertemente
circunscripta e influenciada también por los gobiernos y empresas.
Podría decirse que el ejercicio de la ciencia es cautivo de
determinantes sociológicos que selectivamente se apropian del
conocimiento científico y definen tanto los estudios y problemas a que
deben de aplicarse los científicos como las posibles estrategias
aceptables.
Resulta así que muchas universidades preparan a sus
científicos descuidando sus propios intereses y, a veces, también
los intereses de la gente en general. Esas circunstancias han restringido y
maniatado el discurso de los científicos, haciendo difícil una
reflexión crítica de su responsabilidad. Al decir
"discurso" de la ciencia, me refiero a toda una manera de hablar y
escribir acerca de la ciencia que engloba supuestos y prejuicios que la rodean
socialmente. Este "discurso" tiene la fuerza de una realidad dando
nombres e interpretaciones a lo que se alude. Lo que califica como
"real" y "verdadero", determina finalmente qué se
incluye y qué se excluye. Es por ello que, sin un "discurso"
amplio y abierto, la ciencia no puede alcanzar una renovación y
regeneración sanas. Simplemente carece, entonces, de las herramientas
lingüísticas para llevarlas a cabo.
La falacia de la ciencia como bien de consumo
Quisiera referirme también a una falacia que coloca a la ciencia
como bien de consumo. Hoy pareciera que no se puede hacer ciencia
escudándose principalmente en las esencias de la ciencia básica,
con pocos instrumentos, espacios pequeños, problemas sencillos elegidos
con cuidado y laborados rigurosamente, etcétera, sino sólo con
presupuestos gigantescos, numeroso personal y consideraciones mercantilistas.
Rige en muchos lados una confusa, agraviante y compulsiva jubilación
de los mejores investigadores. Mujeres y hombres, alrededor de los sesenta
años, muchos en excelente salud y en plenitud de espíritu, son
expulsados del sistema, inclusive de funciones donde el reemplazo puede ser
azaroso o imposible. Se da así una diáspora de los buenos hacia
otros horizontes ajenos a la ciencia.
Las instituciones de investigación se equiparan, en algunas
ocasiones, con empresas que venden servicios -en este caso, servicios
científicos- convirtiendo la ciencia en un bien de consumo. Al parecer,
subyace en boga la idea de que el conocimiento puede producirse, comprarse,
venderse, administrarse y evaluarse con los parámetros empresarios de
calidad y excelencia.
La antigua dirección humanista reaparece como la única
posible. Humanismo significa lo propio del ser humano, y nada de cuanto le
atañe le debe ser ajeno, inclusive la tecnología moderna y el
desarrollo del conocimiento desinteresado, que a la larga llega a ser el
más útil de los conocimientos.
Considerar a la ciencia como un bien de consumo incide negativamente en la
producción latinoamericana científica y técnica, y es un
asunto muy discutido actualmente, tanto por propulsores de la idea como por
detractores. Los propulsores, muy cercanos al libre comercio y la
globalización, consideran al conocimiento como una mercancía o un
bien de consumo, sin percatarse del contrasentido que este último
enunciado acarrea, ya que el conocimiento es un bien inconsumible, como lo es
el resto de los bienes inmateriales. Cuando un individuo usa un bien material,
ese bien se consume, desaparece o se desgasta y, por tanto, es necesario
reponerlo. Pero cuando un bien inmaterial se usa, no se consume, no desaparece,
no se desgasta y no pierde importancia: queda siempre intacto para que otra
persona pueda usarlo. Tiene la curiosa característica de que cuando
más se usa, más incrementa sus propiedades. La cultura escapa a
las consecuencias del uso compartido de bienes materiales: cuando más se
comparte la cultura, más se difunde y se amplía. El lenguaje es
precisamente el bien inmaterial que puede servir de paradigma: no porque mucha
gente lo hable pierde su valor, sino que, por el contrario, lo acrecienta.
Como, por naturaleza, los bienes inmateriales tienden a difundirse con
facilidad -primero por el habla, luego por otros medios- y no pueden ser
custodiados en cofres o cajas fuertes, ya que de cualquier copia puede
obtenerse otra copia, la apropiación de esos bienes sólo puede
intentarse por caminos coercitivos. Éste es uno de los grandes dilemas
de la época en que vivimos.
Comunicación y unión de los saberes
En nuestros días, la comunicación entre los desatinadamente
denominados "científicos" y "humanistas" es escasa.
Pocos son los que perciben la riqueza que aporta el intercambio entre ambos.
Rechazan la oportunidad de ver el mundo a través la óptica del
otro, y repiten sordos sus parciales concepciones sobre la vida.
No es casual que las universidades lleven en su nombre la
significación de universalidad. Los académicos, profesores y
autoridades deben recordar esta idea de educar en un conocimiento abarcador,
amplio, universal y, en ese sentido, el estudio y la sana práctica de la
lengua juegan un papel central.
Adalberto Barbosa me dedicó unas cálidas palabras el
año pasado, durante un acto público. Considero oportuno citar un
párrafo de su discurso en el que se refiere al papel del ingeniero.
"Todo ingeniero que merezca ese título es un hombre de ingenio, de
pensamiento y de acción; un nexo entre la utopía y las crudas
realidades; un conductor de máquinas y de hombres; un estratega y
también un táctico; un transformador de la materia y hasta del
paisaje; es un hombre de números pero, fundamentalmente, un generador de
ideas y de soluciones. Por todo eso, un ingeniero no puede no ser un
espontáneo maestro: lo es en la profesión y lo es en la
vida". (xviii)
Siendo decano de la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas e
Ingeniería de la Universidad Católica Argentina, tuve la
iniciativa, que se concretó en el año 2004, de incorporar en la
carrera de Ingeniería la exigencia de dominar el español. A
partir de entonces, en el primer año de esta carrera, los alumnos deben
rendir un examen de idoneidad en castellano, donde se evalúa la
capacidad de comprensión de textos, la redacción, la
ortografía y el uso de los verbos.(xix)
Siempre que me refiero al buen uso del idioma que debe hacer el hombre de
ciencia y a la práctica de la unión de los saberes, viene a mi
memoria un ejemplo notable: el argentino Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937),
de quien dije en mi charla de incorporación a la Academia Argentina de
Letras que "trajo a Buenos Aires un eco de los grandes debates
científicos de Europa". Holmberg "difundió las
teorías de Darwin y despertó el interés por temas
generalmente reservados a círculos restringidos". Con su
sabiduría y su elocuente retórica, "convertía un
estudio sobre las arañas de Misiones o los peces de Tandil en un asunto
ameno". Este hombre de ciencias "sentía especial
interés por la filosofía y gusto por los clásicos de la
literatura. Al tiempo que clasificaba especies de fauna y flora, disertaba
acerca de problemas políticos y morales". (xx) Además de
dedicarse a la investigación y docencia en el área de las
ciencias, era un frecuente escritor de cuentos, novelas y poemas, y
poseía una gran habilidad para convertir explicaciones de temas
difíciles en agradables relatos, que facilitaban la comprensión
sin dejar de ser precisos en lo técnico.
Otro ejemplo a rememorar es el eminente matemático español
Julio Rey Pastor, nacido en Logroño en 1888 y fallecido en Buenos Aires
en 1962. Rey Pastor ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas,
Físicas y Naturales en 1920 y en la Real Academia Española de la
Lengua el 1° de abril de 1954, cuando leyó su discurso de
incorporación titulado "Álgebra del lenguaje".
"La relevancia de Rey Pastor proviene no sólo del hecho de haber
sido uno de los matemáticos españoles más importantes sino
también de ser uno de los pensadores españoles de la
generación del 14 (a la que, entre otros, pertenecieron Ortega y Gasset,
Blas Cabrera, Gregorio Marañón y Juan Negrín) que, movida
por el espíritu regeneracionista, incidió de forma muy notable en
la renovación científica española, tanto en
investigación y docencia como en organización de instituciones
científicas, ocupándose también de historia,
filosofía y epistemología de la ciencia". (xxi)
Rey Pastor fue, además de catedrático en España, un
asiduo profesor en universidades argentinas y latinoamericanas, que aprendieron
la matemática moderna con sus conferencias y libros en sus numerosas
visitas anuales a partir de 1917. Escribió junto a Ernesto García
Camarero, otro destacado español -quien contribuyó
significativamente a la introducción de la Informática en
Hispanoamérica-, un valioso tratado de Cartografía. (xxii)
Afortunadamente, nuevas formas de creación de conocimiento libre
están surgiendo a través de las actuales redes
tecnológicas digitales, realizadas en ámbitos abiertos y por
modalidades cooperativas. Esta cooperación no es sólo entre
especialistas sino también entre grupos heterogéneos que se
inspiran unos a otros y que ponen los resultados al servicio de todos.
Es de desear hoy que los cultores de la ciencia, las instituciones de mayor
nivel académico y los más eximios pensadores y creadores del
conocimiento aúnen ideas y concilien esfuerzos, aprovechando
especialmente estos generosos congresos, a fin de que la lengua española
construya sabiamente la ciencia.
(i) Ver sobre este tema: REGGINI, HORACIO C.: Alas para la mente.
Logo: Un lenguaje de computadoras y un estilo de pensar, Buenos Aires, Ed.
Galápagos, 1982; Ideas y formas (explorando el espacio con Logo), Buenos
Aires, Ed. Galápagos, 1985; Computadoras: ¿creatividad o
automatismo?, Buenos Aires, Ed. Galápagos, 1988.
(ii) FERNÁNDEZ LONG, HILARIO: "Prólogo", en REGGINI,
HORACIO C.: Alas para la mente. Logo: Un lenguaje de computadoras y un estilo
de pensar, ob. cit., pág. 9.
(iii) Ver mi conferencia de incorporación a la Academia Nacional de
Educación "Educación y tecnología", 3 de julio
de 2000, publicada en Anales de la Academia, Boletín Nº 44, Buenos
Aires, septiembre 2000. Texto reproducido en el libro La educación en
debate. Crisis y cambios, 1997-2004, de la Academia Nacional de
Educación y en REGGINI, HORACIO C.: El futuro no es más lo que
era, Buenos Aires, Educa, 2005, págs. 247-259. También sobre este
tema: "Educación, ciencia y técnica", Boletín
Nº 50 de la Academia Nacional de Educación, Buenos Aires, marzo de
2002. Texto de la comunicación que leí en la sesión de la
Academia Nacional de Educación el 1° de octubre de 2001.
Reproducido en los Anales de la Academia Nacional de Ciencias Exactas,
Físicas y Naturales, n° 53, 2001; y en REGGINI, HORACIO C.: El
futuro no es más lo que era, ob. cit., págs. 274-283.
(iv) Palabras del biólogo Jean Rostand, citadas por GREGORIO CARO
FIGUEROA en su editorial titulado "Lo vulgar y el divulgar" en la
revista Todo es Historia, n° 470, septiembre de 2006.
(v) CARO FIGUEROA, GREGORIO A.: "Lo vulgar y el divulgar", cit. en 4.
(vi) Ver "Múltiples coincidencias", carta de lectores
publicada en Todo es Historia, n° 472, noviembre de 2006, en la que me
referí al editorial de Caro Figueroa "Lo vulgar y el divulgar"
(cit. en 4 y 5).
(vii) Ver la conferencia "La necesidad de un uso auténtico y
adecuado de la tecnología en los medios de comunicación,
análisis crítico de la denominada sociedad de la
información y el conocimiento. Repercusión sociocultural de
Internet" que pronuncié el 14 de noviembre de 2000 en el Encuentro
Internacional "Periódicos en Español", sobre la lengua,
las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, San
Millán de la Cogolla, España. También la nota
periodística de PÍO GARCÍA: "Contra el
fundamentalismo digital" sobre mi conferencia, en diario La Rioja,
Logroño, España, 15 de noviembre de 2000.
(viii) Sobre este tema: "Tecnología, palabra y
reflexión", revista Telos, n° 50, julio-septiembre 1997,
Madrid, Fundesco. Texto de la conferencia que pronuncié el 8 de abril de
1997 en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española: "La
Lengua y los Medios de Comunicación", Zacatecas, México. Ver
también PARINI, ALEJANDRO Y ALICIA MARÍA ZORRILLA
(coordinadores): Lengua y Sociedad, Buenos Aires, Editorial Áncora,
2006.
(ix) Ver "Internet y gobierno", carta de lectores en la que propongo
abandonar el uso de "gov." y adoptar "gob.". Publicada en
el diario La Nación, 2 de marzo de 2000. Texto también
reproducido en el Boletín de la Academia Nacional de Ciencias Exactas,
Físicas y Naturales, nº 11, diciembre 2000; y en REGGINI, HORACIO
C.: El futuro no es más lo que era, Buenos Aires, Educa, 2005,
pág. 35. También artículo "De prosaica
castellana", en ACADEMIA ARGENTINA DE LETRAS: III Congreso Internacional
de la Lengua Española, Buenos Aires, 2006, sección II
"Identidad y lenguaje en la creación literaria", págs.
223-228.
(x) ONDERIZ, PEDRO AMBROSIO: Perspectiva y Especularia de Euclides, 1585.
(xi) CARDVCHI, LVIS (traducido y comentado por): Elementos Geometricos de
Evclides Philosopho Megarense svs seys Primeros Libros, 1637.
(xii) ÇAMORANO, RODRIGO: Los seys libros primeros de la Geometria de
Evclides, traduzidos en lengua Española, Sevilla, 1576, 122 folios.
(xiii) HERRERA, IUAN DE: Institvcion de la Academia Real de Mathematica,
Madrid, 1584.
(xiv) El 23 de noviembre de 2006 dicté una conferencia en la Academia
Argentina de Letras en homenaje a Luis Federico Leloir. La cita está
tomada de NACHÓN, CARLOS A.: Luis Federico Leloir. Premio Nóbel
de Química 1970. (Ensayo de una biografía), Buenos Aires, 2000,
pág. 22.
(xv) Ver "George Steiner: los tres desafíos de la humanidad",
entrevista a George Steiner publicada en el diario La Nación, 3 de
septiembre de 2006, suplemento "Cultura", pág. 1.
(xvi) MAGUEIJO, JOÃO: Más rápido que la velocidad de la
luz. Hacia una especulación científica, México, Fondo de
Cultura Económica, 2006.
(xvii) Ver BÄR, NORA: "João Magueijo, ¿héroe o
hereje?", entrevista publicada en la sección
"Ciencia/Salud" del diario La Nación, 12 de noviembre de 2006,
pág. 22.
(xviii) Palabras de Adalberto Barbosa al hacerme entrega del premio a la
Personalidad del Año en el rubro Ingeniería, el 28 de junio de
2006, en la Fiesta de los Lauros del Rotary Club de Buenos Aires. Parte del
texto fue reproducido en la Revista Rotary, año 71, N.º
2408/2409/2410, abril/mayo/junio 2006.
(xix) Sobre esta reforma se publicó una nota en el diario La
Nación el domingo 5 de septiembre de 2004, en la página 10 del
suplemento "Universidades & Posgrados".
(xx) Ver REGGINI, HORACIO C.: Eduardo Ladislao Holmberg y la Academia. Vida y
obra, Buenos Aires, Ed. Galápagos, 2007. Texto del discurso de
incorporación a la Academia Argentina de Letras publicado en el
Boletín, t. LXXI, N.° 285/286, mayo-agosto 2006.
(xxi) Cfr. GARCÍA CAMARERO, ERNESTO: "Julio Rey Pastor en el Ateneo
de Madrid", en ATENEO CIENTÍFICO LITERARIO Y ARTÍSTICO:
Ateneístas Ilustres, Madrid, 2004, págs. 571-582.
(xxii) REY PASTOR, JULIO: La cartografía mallorquina, Madrid,
Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia, Instituto Luis
Vives, C.S.I.C., 1960, 207 págs. Con la colaboración de Ernesto
García Camarero.
Horacio C. Reggini
Buenos Aires, 19 de marzo de 2007.
|