Introducción
En los últimos 20 años las ciencias
biológicas se caracterizaron por un acelerado avance que no sólo
incluía una marea de informaciones nuevas sino también ideas y
conceptos nuevos. El ritmo extraordinario de los descubrimientos en
genética, principalmente como resultado de la tecnología del ADN
recombinante, llevó al desarrollo de nuevas ramas de la biología,
como la tan cuestionada biotecnología. ¿Pero en qué se basa
esta rama de las ciencias biológicas?
El ADN de los diferentes organismos (tanto de plantas como
de animales o microorganismos) está formado esencialmente por los mismos
elementos. El avance en la investigación científica ha permitido
descubrir cómo transferir una porción de ADN de un organismo a
otro.
Para lograr esta transferencia se "corta" un
segmento de ADN de un organismo con el gen deseado y se lo inserta en un
plásmido (pequeña molécula de ADN circular), éste
es utilizado luego para introducir el gen de interés en otro organismo.
A este último organismo, que ha incorporado el gen extraño, se lo
denomina transgénico.
Así se han desarrollado muchos organismos
transgénicos vegetales, ya que la biotecnología, permitiendo la
transferencia de un carácter específico de una clase o especie de
planta a otra, permite el mejoramiento de plantas, haciéndolas
resistentes a un insecto, virus o herbicida particular sin modificar las
características generales de la especie vegetal en cuestión.
Los caracteres agronómicos incorporados por
biotecnología (tales como resistencia a insectos o a herbicidas)
incrementan el valor agrícola de los cultivos al permitir aumentar la
producción.
Hasta ahora todo parece muy lindo, pero ¿al servicio
de quién están los científicos que desarrollan plantas
transgénicas?, o mejor dicho, ¿realmente han sido un beneficio las
plantaciones de transgénicos en nuestro país?
Un poco de historia
En 1996, Felipe Solá, el Secretario de Agricultura
en ese entonces, autoriza la siembra en nuestro país de la primera
semilla de soja RR, un transgénico inventado por los científicos
de la empresa Monsanto (la empresa norteamericana que desarrolló el
2-4-5-T, el famoso Agente Naranja, durante la guerra de Vietnam, un poderoso
arboricida). El término RR significa resistente a Round-up, que es la
marca comercial de herbicida glifosato, también inventado por Monsanto.
Al mismo tiempo se imponía en nuestro país la
siembra directa que, a diferencia de la labranza convencional, en lugar de dar
vuelta toda la tierra sólo remueve un surco donde se deposita la semilla
y el fertilizante. El sistema de siembra directa deja al suelo cubierto del
rastrojo del cultivo previo, impidiendo la erosión por el viento o el
agua.
El proceso de sojización en la Argentina se
dió rápidamente gracias a la combinación de la soja RR, la
siembra directa y el herbicida glifosato. Debido a que el costo de todo el
cultivo era de alrededor de un 30% menos, ya que se usa sólo el
herbicida glifosato (que elimina todo menos la soja RR) en lugar de varios
herbicidas selectivos para cada maleza; y además se usa una sola
máquina (la de siembra directa) teniedo un costo menor en combustible.
¿Qué sucede en la actualidad?
Hoy en día, la gran cantidad de tierra que se
utiliza para plantar soja llevó al desmonte de áreas de recreo,
forestales, frutales y se ha llegado a un punto tal que las empresas sojeras
expulsan a los pueblos originarios y a los campesinos que laboran y viven en
sus tierras desde hace varias generaciones (hecho de amplio conocimiento por su
difusión a través de los medios de comunicación).
La gran diversidad de producción agrícola en
nuestro país está cambiando hacia el monocultivo de soja
transgénica. Pero eso no es lo peor, antes los chacareros eran libres no
sólo de plantar la más variada cantidad de alimentos, sino que
eran dueños de la semilla para sembrar de un año a otro, es decir
el campesino guardaba una parte de la simiente para sembrar en la temporada
siguiente. Esto hoy ya no sucede, porque la semilla es ahora propiedad de la
empresa que la produjo, que la tiene patentada. De esta forma, temporada tras
temporada, los campesinos se ven obligados a comprarla.
El INTA (Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria) durante décadas desarrolló variedades
agrícolas para el cultivo en la Argentina, pero en 1991 entregó
su colección de germoplasma a los semilleros multinacionales,
apropiándose éstos de los secretos de la producción
nacional. Desde entonces, el control y la exportación de granos
quedó en manos de las compañías cerealeras (como Monsanto)
por destruirse la Junta Nacional de Granos; además, un organismo
nacional como el INTA quedó al servicio de estas
compañías.
Todo esto privó a los agricultores de las semillas
de germoplasma nacional realizadas para las condiciones de cultivo en las
diferentes regiones del país. Así llegamos al momento actual
donde han desaparecido variedades de lentejas, arvejas, maíz, trigo,
lino, girasol, batata, etc., que habían sido desarrolladas por el INTA y
sembradas durante décadas en el país.
Pero previo a la instalación de este modelo
productivo, hubo captación de intelectuales y de científicos,
subordinando los ejes de investigación a los intereses de las
trasnacionales.
La sojización en nuestro país ha reducido el
número de cabezas de ganado vacuno de 65 millones a 48,6 millones y el
lanar de 60 millones de cabezas en 1970 a 12,5 millones ahora. Nos encontramos
ante una situación en la cual exportamos proteínas baratas de
origen vegetal para que otros países produzcan carne barata.
Lo peor del cultivo de la soja RR, es la acción de
su monocultivo continuado, ya que afecta la estructura y fertilidad del suelo,
sumado al sistema de cultivo que se utiliza.
Como la soja RR crece bajo pulverizaciones de glifosato, se
la cultiva por el método de siembra directa, es decir, sobre los
rastrojos del cultivo anterior, previa aplicación de herbicida.
Posteriormente se aplica glifosato y los plaguicidas necesarios mediante
fumigaciones aéreas o con equipos especiales.
Cuando comenzó este sistema de cultivo, sus
defensores destacaron el menor uso de agroquímicos, el no laboreo del
suelo y de costo que implicaba como grandes beneficios.1
Si bien la siembra directa desacelera la degradación
del suelo, resolviendo el problema de la erosión, es funcional a la
penetración de empresas como Monsanto, ya que son necesarios de
herbicidas para el control de las malezas tanto antes como después de la
siembra.
Hoy en día, luego de muchos años, la
sojización en nuestro país ha producido una
desertificación biológica de los suelos. La no roturación
del suelo terminó generando acumulación de residuos
orgánicos que no pueden ser mineralizados. Además destruye la
biodiversidad del ecosistema por modificar la microflora y microfauna del
suelo, ya que el uso de herbicida de forma continua elimina las bacterias del
suelo, modificando la mineralización de la materia orgánica
haciendo que el suelo sea infértil. La macrofauna también se ve
afectada por la contaminación del suelo.
Por otro lado, el uso continuado de herbicidas sobre el
suelo produce también la aparición de malezas resistentes al
mismo (por los mecanismos biológicos de selección y
mutación), esto obliga a aumentar las dosis del herbicida o a usar otros
más fuertes en su mayoría cancerígenos, que
terminarán contaminando el suelo y las napas de agua.
Las pulverizaciones de estos productos herbicidas (la
mayoría restringidos en sus países de origen) destruyeron montes
frutales y forestales, cinturones verdes que rodeaban ciudades y pueblos,
produciendo emigración de pequeños productores a las villas de
emergencia de las ciudades y una mayor concentración de la tierra. En
Ituzaingó, ciudad de Córdoba, se han encontrado restos de
agrotóxicos en los análisis del agua de las viviendas y hay
afecciones alérgicas y pulmonares en niños, los días que
hay fumigación aérea de los mismos.
¿Qué hacemos ante estos
problemas?
La respuesta de los organismos de ciencia y técnica
a esta preocupante situación es escasa. La comunidad científica
parece sorda a las necesidades de nuestro país y nuestro pueblo. Los
pocos que salen a denunciar el grave impacto ambiental que trae aparejado el
monocultivo de soja son callados o no son escuchados.
Pero estaría mal decir que la biotecnología
no sirve, porque ese no es el problema, está claro que los organismos
transgénicos permiten obtener una mayor y mejor producción. El
problema reside en que los adelantos científicos en organismos
transgénicos no se encuentran al servicio del pueblo, sino de las
empresas multinacionales que explotan el suelo haciendo oídos sordos a
los estudios de impacto ambiental y arrasando con lo que se les tope por el
camino.
Hoy, más que nunca, hace falta en nuestro
país, la independencia de los organismos de ciencia y técnica de
los intereses de las multinacionales, y que estos organismos tengan una
influencia real en las políticas que el gobierno se da hacia las
empresas que practican el cultivo de soja en la Argentina.
Fuentes utilizadas
- INDEC - Censo Agrario Nacional 2001
- Adolfo Boy - Implicancias del uso de 2-4-D, glifosato y otros herbicidas
- Adolfo Boy - Mitos y Verdades sobre la soja
- www.inta.gov.ar
- www.documentalistas.org.ar
- www.kolgados.com.ar
- www.ecoportal.net
- www.alternativaverde.org
- www.biotech.bioetica.com.ar
- www.monsanto.es
1 "
Los expertos aseguran que las
innovaciones de la biotecnología van a triplicar el rendimiento de las
cosechas sin requerir tierras de cultivo adicionales, salvando así los
bosques naturales y el hábitat de los animales. Otras innovaciones
pueden reducir o eliminar la dependencia en agroquímicos que pueden
contribuir a la degradación del medio ambiente -otras preservarán
el suelo y los recursos hídricos
" Monsanto
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